Olomouc no es un destino cualquiera. Considerada antaño la capital espiritual de la República Checa, la ciudad ha logrado abrazar la modernidad sin sacrificar ni un ápice de su vibrante historia.
Situada como la segunda urbe de Moravia tras Brno, Olomouc se alza indiscutiblemente como la ciudad más monumental del país después de Praga. Su mayor triunfo reside en la exquisita conservación de un conjunto histórico que envidiaría cualquier capital europea. Pero más allá de sus monumentos, Olomouc seduce por su calma. Es una ciudad que respira un ritmo tranquilo, donde los coches ceden el protagonismo en el centro al amable rugir de los tranvías que recorren sus calles.
La ubicación estratégica de la ciudad, a medio camino entre Viena y Cracovia y próxima a la frontera polaca, marcó su destino a lo largo de los siglos. Olomouc se erigió como bastión de la Iglesia romana frente a las reformas husitas y, a partir de 1566, se transformó en la ciudad de los jesuitas por excelencia. La orden no solo levantó iglesias y conventos, sino también colegios y palacios que funcionaron como universidad.

Aunque la Guerra de los Treinta Años desplazó la capitalidad de Moravia hacia Brno, Olomouc mantuvo su prestigio, consolidándose como sede arzobispal en 1778. Precisamente el Palacio Arzobispal fue testigo de un momento clave en la historia europea: en 1848, un joven Francisco José eligió este lugar para proclamarse emperador del Imperio Austrohúngaro.
Hoy, la visita a esta sede es imprescindible. Se trata de un espléndido edificio barroco del siglo XVII donde, entre otras estancias, destaca la sala del trono; el mismo escenario donde fue coronado Francisco José I, el futuro esposo de la emperatriz Sisi.
Entre plazas y partituras
El corazón del casco histórico lo configuran dos plazas contiguas que rivalizan en belleza: Horní Náměstí (Plaza Alta) y Dolní Náměstí (Plaza Baja). Recomendamos iniciar el recorrido por esta última, reservando la monumentalidad de la Plaza Alta para el final, a modo de gran sorpresa.

Olomouc presume de sus doce fuentes renacentistas y solo en la plaza Dolní lucen dos de ellas —la de Neptuno y la de Júpiter— custodiando la Columna Mariana de la peste.
No obstante, la mirada se detiene inevitablemente en el Palacio Hauenschild, una joya del siglo XVI. Sus muros guardan una historia fascinante: aquí residió un joven Wolfgang Amadeus Mozart en 1767. Con solo 14 años, el genio compuso en esta ciudad su sexta sinfonía. La tradición musical de Olomouc no acaba ahí; también Gustav Mahler dejó su huella trabajando como director en el antiguo teatro alemán. Con el eco de estos maestros de fondo, es momento de adentrarse en la plaza principal.

Un reloj “obrero” y orgullo del Barroco
La Plaza Alta (Horní Náměstí) despliega una belleza que poco tiene que envidiar a la Ciudad Vieja de Praga, rodeada de una imponente colección de palacios góticos, renacentistas y barrocos. El centro lo domina el Ayuntamiento (Radnice), un edificio gótico-renacentista reformado en el siglo XVII, cuya torre merece ser escalada para disfrutar de una panorámica completa de la ciudad.

Sin embargo, la verdadera curiosidad del edificio es su reloj astronómico. Aunque su origen fue gótico, los daños de la guerra llevaron a una reconstrucción bajo la estética del realismo socialista. Hoy se ha transformado en un insólito reclamo turístico vintage: cada mediodía, al repicar las campanas, no son santos quienes desfilan, sino figuritas de obreros, campesinos e intelectuales, congelando en el tiempo una época ya desaparecida.

El conjunto se completa con las fuentes renacentistas, entre las que destaca la estatua ecuestre de Julio César. Es una de las más queridas, pues recuerda la leyenda que atribuye el nombre de Olomouc a Iulii Mons, en agradecimiento al supuesto campamento que el romano estableció aquí.
Pero el título de símbolo indiscutible de la ciudad lo ostenta la Columna de la Santísima Trinidad. Levantada entre 1716 y 1754, esta impresionante obra de 32 metros es la escultura barroca más grande de Europa Central, un hito monumental que la UNESCO reconoció como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.

Un horizonte de torres y murallas
Más allá de las plazas, es indispensable pasear sin rumbo fijo. Pronto se hace evidente una estadística sorprendente: en proporción a su número de habitantes, Olomouc posee una de las mayores densidades de iglesias de toda Europa.
El perfil urbano lo dibujan templos como la iglesia gótica de San Mauricio, famosa por su enorme órgano, y joyas barrocas como la de los Capuchinos, San Miguel o Nuestra Señora de las Nieves. Mención aparte merece la catedral gótica de San Wenceslao. En su interior reposan los restos del patrón de la ciudad, san Juan Sarkander, un sacerdote torturado en 1620 y canonizado por Juan Pablo II durante su visita a esta misma catedral.

Antes de abandonar el centro, debemos despedirnos recorriendo los vestigios de las antiguas murallas y baluartes. Allí aguarda la Puerta Teresiana, bautizada en honor a la emperatriz María Teresa, que permanece como el único testigo en pie de los antiguos accesos a la ciudad.
Más allá de la ciudad: cuevas y castillos de cuento
Tras explorar la capital, nos dirigimos a los alrededores para profundizar en la tierra morava. Nuestra primera parada son las Cuevas de Javoříčko. Con cuatro kilómetros de galerías y un estado de conservación excepcional, están consideradas las más impresionantes de la República Checa. Además, albergan una colonia de murciélagos que permite observarlos a muy corta distancia.

Muy cerca, en la localidad de Čechy pod Kosířem, sorprende el Museo Histórico de Carruajes (Muzeum kočárů), que custodia una pieza única: la carroza fúnebre más grande del mundo. Sin alejarnos de la zona, vale la pena visitar la granja familiar Levandulový, cuyo éxito reciente radica en el cultivo y comercialización de lavanda con fines gastronómicos.

Como colofón a la ruta, emerge el castillo de Bouzov, uno de los más fotogénicos del país. Kilómetros antes de llegar, su silueta aparece en el horizonte como un auténtico castillo de cuento de hadas. Sin embargo, su belleza esconde una historia convulsa: fue sede de la Orden de los Caballeros Teutónicos hasta la Segunda Guerra Mundial, momento en el que los nazis lo ocuparon para establecer un cuartel general de las SS.

Su interior, profusamente decorado, transporta al viajero al medievo a través de estancias como el dormitorio del Gran Maestre, la Sala de Caza, el Salón de los Caballeros y las grandes cocinas. Yara celebrar el final de este viaje, nada mejor que acercarse a la fábrica familiar Pivovar Kosíř y brindar con unas cervezas artesanales que presumen de estar entre las mejores de Europa.

GUÍA PRÁCTICA:
Cómo llegar:
Iberia Y Smartwings tienen vuelos directos desde Madrid, Barcelona y otras ciudades de España a Praga. De Praga a Olomouc se tarda poco más de dos horas en tren.
Dónde dormir:
En Olomouc, Hotel Trinity. En pleno centro histórico.
Más información: VisitCzechia