Un río rojo, una tierra oxidada y un paisaje que parece de otro planeta. En el corazón de Huelva, Río Tinto es un laboratorio natural donde la vida desafía lo imposible y la historia se escribe con sudor, hierro y fuego. Este viaje no solo es fotográfico o geológico, es también humano.
En un paisaje ajeno y extraño, donde la química desafía las leyes lógicas de la naturaleza y crea escenarios de otro mundo, la vida logra abrirse camino. Una vida que ha sabido adaptarse a condiciones extremas bajo las aguas de un río teñido de un rojo profundo, que maquilla en su recorrido un entorno ya de por sí desolador, alterado por una actividad minera ininterrumpida. Una vasta región donde el óxido, los metales retorcidos y el ladrillo de las instalaciones mineras –en otros tiempos prolíficas– proporcionaron prosperidad a esta zona de Andalucía desde tiempos de Tartessos. Según los datos arqueológicos, estamos ante las minas más antiguas del mundo.
Un paisaje que no parece de este mundo
Esos rojos, presentes en el río y en la tierra, contrastan y brillan de un modo irreal, saturado, bello, en resumen, con los verdes de la vegetación y los tonos del cielo, habitualmente azul en estas latitudes. Aquí es posible encontrar los tres colores primarios en un mismo escenario, pero por encima de todos, el protagonista es el rojo, en casi infinitos matices. Todo el conjunto, visto de forma global o en detalle, hace de Río Tinto un lugar único en el mundo, un excelente campo de cultivo para avivar nuestra imaginación. No resulta sencillo encontrar en la Tierra paisajes tan imponentes, tan diferentes.

Marte está en Huelva
Tan singulares son las particularidades del río que la NASA puso sus ojos en él hace ya muchos años, convirtiéndolo en base de sus investigaciones para desentrañar los misterios de la vida en otro mundo rojo: el de Marte. Las analogías son muy similares a las que se dan en algunos lugares del planeta vecino. Esa vida es sorprendentemente abundante, en un ambiente casi sin oxígeno y con un alto contenido en hierro y otros metales pesados, inhabitable para la mayoría de los seres vivos del planeta, salvo para estos microorganismos –muchos de ellos aún sin clasificar– que han logrado adaptarse y subsistir nutriéndose de minerales.
Un penetrante olor a azufre impregna las orillas del río, que nace tímido, como todos los ríos, en un paraje cercano a Nerva, una de las poblaciones de la región. Desde allí –un lugar privilegiado para apreciar los tonos y las texturas que se forman en sus márgenes– comienza su recorrido de 100 km hasta unirse con el río Odiel. Pero es en la primera parte de su curso donde se suceden minas a cielo abierto y las huellas perennes dejadas por el ser humano, ahora abandonadas a su suerte y a los caprichos de la naturaleza.

Elegí las primeras luces del día para realizar la mayoría de las rutas que había planificado. Tengo por costumbre despertar los lugares que visito. A esas horas, el calor aún no domina y disfruto del privilegio de la soledad, gran aliada de la fotografía.
Las distancias y los desniveles son constantes, por lo que anduve bastante, sin rumbo fijo, intentando sacar el mayor provecho a mi cámara. En ocasiones tenía referencias en forma de construcciones; de lo contrario, simplemente me acercaba a lugares que llamaban mi atención o subía pequeños riscos para obtener vistas más generales.

Explorar el río en solitario… o a bordo del tren minero
Pero no todo fue improvisación. Había leído sobre algunas visitas guiadas, como la de Peña de Hierro y, sobre todo, el recorrido del tren minero por uno de los tramos más llamativos del río. He de reconocer que ambas fueron muy enriquecedoras. Esta transformación de las minas hacia el turismo aporta vitalidad y prosperidad a la zona, la mantiene activa: una reinvención sostenible que espero se mantenga durante muchos años.
Y es que, debido a la bajada de los precios de los metales, la crisis llegó en 2001 y la explotación dejó de ser rentable, hasta que la demanda de metales de algunos países emergentes como India o China ha revertido en cierto modo esta situación. El año pasado volvió a escucharse el estruendo de los explosivos para la extracción de mineral. Tras 5.000 años, la tierra sigue generando recursos.

El “Año de los tiros”
En 1873, la empresa británica Rio Tinto Company Limited compró las minas al Estado español. En plena Revolución Industrial, alcanzó su apogeo, no solo económico, también industrial y demográfico. Pero ese desarrollo trajo consigo conflictos de dimensiones insospechadas. Para lograr una explotación óptima de la mina se realizaban numerosas calcinaciones para fundir el mineral, unos procesos que generaban humos altamente nocivos para la salud y la agricultura. Cuando esos humos no se disipaban por efecto del viento, se formaba “La Manta” sobre la región, transformándola en un área inhabitable. Cuando Maximiliano Tornet, líder sindicalista cubano, llegó a la zona, se encontró con este grave problema medioambiental que afectaba tanto a la población como a los trabajadores.

Tras años de trabajo en la mina, Tornet inició su actividad sindical, que incluía una serie de reivindicaciones para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Como era de esperar, fue pronto respaldado por los obreros y se organizó la primera huelga, que unió a más de 10.000 trabajadores en una manifestación pacífica. Nadie podía imaginar que aquel día acabaría en tragedia, cuando las autoridades y los soldados abrieron fuego por sorpresa. Nunca se conoció la cifra oficial de muertos, pero la represión fue tan desmesurada que los trabajadores no volvieron a manifestarse hasta doce años después, y sus demandas no dieron fruto.
Históricamente, el llamado “Año de los Tiros” está reconocido como el primer movimiento de carácter ecológico del que se tiene constancia.

Sin duda, dejé muchos lugares por visitar y recorrer, muchas fotografías por tomar y más historias por conocer. Volveré lo antes posible, dejándome llevar por ese influjo del rojo, símbolo de la pasión, la historia y estandarte de Río Tinto: un lugar que trasciende con creces el concepto de visita turística.
Más información: Parque Minero de Ríotinto