Entre el Atlántico y los valles del Lima y el Duero, el norte de Portugal enlaza ciudades históricas, monasterios, balnearios y una cultura atlántica que alcanza algunas de sus mejores expresiones en Guimarães y Oporto.
Desde la desembocadura del Lima hasta las orillas del Duero, esta ruta por el norte de Portugal enlaza Viana do Castelo, los monasterios de Amares, los balnearios de Pedras Salgadas y Vidago, Guimarães y Oporto. Es un territorio de granito, viñedos, aguas termales y ciudades históricas, marcado también por los episodios que condujeron al nacimiento del país.
Viana do Castelo, entre el río Lima y el Atlántico
A un paso de la frontera, Viana do Castelo se levanta en la margen derecha del río Lima, con el Atlántico al oeste. Casi a orillas del río se encuentra la Praçade la República, de típicos soportales y arquitecturas variopintas, entre las que destacan el antiguo Ayuntamiento y la fuente de granito del siglo XVI. En el otro extremo de la plaza está el Museo del Traje, sede de una de las expresiones más características del folklore local: el traje a la vianesa, una colorida prenda que usaron las mujeres de la zona hasta mediados de siglo XX.
Santa Luzia, el mirador de Viana do Castelo
A solo unas calles de allí descubrimos otros ejemplos del rico patrimonio: la bella catedral del siglo XV y la capilla de la Misericordia. Sin embargo, la construcción más singular de Viana do Castelo no está en su casco urbano, sino en lo alto del monte de Santa Luzia. Allí se construyó a comienzos del siglo XX la basílica del mismo nombre, con un estilo que recuerda al Sacré Couer de París.
En lo alto del monte –se puede subir en funicular desde el centro–, las vistas son espectaculares, y merece la pena disfrutarlas desde las encantadoras estancias de la Pousada de Viana do Castelo.

Las playas de Viana do Castelo
Las aguas del Lima y del Atlántico también ofrecen oportunidades de ocio y relax. En las primeras podemos disfrutar del rafting o remar en kayaks, pero si preferimos un tranquilo baño o broncearnos al sol, no faltan preciosas playas cerca de Viana, como Praia Norte o Cabedelo.
Amares y sus monasterios históricos
Siguiendo nuestra ruta por esta región cargada de historia llegamos a Amares, tierra de templarios: aquí nació el caballero Gualdim Pais, maestre de la orden, y otro guerrero, Egas Viegas, fundó el monasterio de Santo André de Rendufe. Otro cenobio de la localidad, aún más hermoso, es el de Santa Maria do Bouro, antiguo convento cisterciense del siglo XII. De aquel tiempo sólo se conserva un bellísimo claustro románico poblado por naranjos; hoy forma parte de un acogedor hotel, la Pousada que lleva su nombre: un remanso de paz con una cocina espléndida y platos típicos de la zona. Un consejo: no se vaya sin probar la alheira de caça com pera.

Pedras Salgadas y Vidago, refugios termales
Si lo que buscamos es tranquilidad, nada mejor que un recinto como el Hotel Pedras Salgadas, ubicado en el corazón de un parque natural. En este paradisiaco enclave brota un manantial que llegó a ser uno de los balnearios preferidos por la realeza europea del XIX. Además de unas curiosas “eco-cabañas”, el recinto cuenta con una rica oferta de aguas termales y tratamientos de belleza, un gran lago, piscina exterior e incluso minigolf. Si además queremos practicar algún deporte, el parque ofrece rutas de senderismo y BTT, tirolinas y rápidos para disfrutar del rafting.
Muy cerca de allí, en Vidago, se encuentra otro rincón ideal para disfrutar del máximo confort: el Vidago Palace posee un original programa de “retiro exclusivo” con el que gozar de fantásticos tratamientos y una deliciosa gastronomía. Los más activos pueden probar las sesiones de pilates, pero también hay hueco para masajes exóticos e incluso para la meditación. Puede que no alcancemos el nirvana, pero al menos conseguiremos reducir el estrés.

Guimarães, la cuna de Portugal
El 24 de junio de 1128, las tropas de Afonso Henriques derrotaron cerca de Guimarães a las de su madre, Teresa de León, en la batalla de São Mamede. La victoria le permitió asumir el control del Condado Portucalense y abrió el proceso de autonomía que, durante las décadas siguientes, conduciría al nacimiento del reino de Portugal.
De este modo, la “cuna” de Portugal se descubre como el lugar perfecto para los amantes del arte y la historia. No en vano, en 2012 la ciudad fue Capital Europea de la Cultura. Entre los rincones que no nos podemos perder destacan –además del imponente castillo y del Pazo de los Duques de Bragança–, la iglesia de Nuestra Señora de Oliveira y el Padrão do Salado, un singular monumento gótico.
La Citânia de Briteiros y el monte da Penha
Declarado Patrimonio Mundial en 2001, el centro histórico de Guimarães conserva su trazado medieval y una característica arquitectura de granito y entramados de madera. En 2023, la UNESCO amplió la protección a la Zona de Couros, donde canales, tenerías y antiguos talleres recuerdan la importancia que tuvo el curtido de pieles en el desarrollo de la ciudad.
Una buena opción para comenzar la visita es el Museu Martins Sarmento (Rua Paio Galvão) o a las ruinas de Briteiros, en las afueras, donde podremos ver un castro prerromano. Para tener una buena panorámica de Guimarães lo mejor es tomar el teleférico que asciende al monte de la Penha, o bien subir hasta el antiguo convento de Santa Marinha –hoy Pousada–, cuyas instalaciones son un marco incomparable para saborear la comida de la región y descansar en sus lujosas habitaciones.

Oporto y los orígenes de Portugal
Si Guimarães fue cuna de Portugal, la bella Oporto también tuvo un papel clave en el nacimiento del reino. En la Edad Media la localidad se llamaba Portucale y, como capital del condado, acabó dando nombre a la nación. Siglos de historia que, junto al Douro, han dejado en la ciudad un poso de encanto inconfundible, capaz de enamorar al visitante a primera vista. Quizá fue ese embrujo lo que encandiló a la UNESCO para declarar la ciudad Patrimonio de la Humanidad.
La Ribeira y las bodegas de Vila Nova de Gaia
Si alguien duda de que el título no es merecido, basta con que pasee por las orillas del Duero, ya sea en la ribeirao en Vila Nova de Gaia, donde se asientan las bodegas cuyos vinos han dado fama a la ciudad. Muchas de ellas están en la orilla, con los rabelos –barcos bodegueros– y el puente Luiz I formando parte de la típica postal. Sin embargo, no es mala idea visitar bodegas algo más alejadas, como Graham’s (Rua do Agro, 141) o Taylor’s (Rua do Choupelo, 250), que además de exquisitos oportos gozan de envidiables vistas. Un consejo: es mejor acudir al atardecer, con los tonos dorados del sol reflejándose en el Duero.

De la Sé a la Livraria Lello
De nuevo en la otra orilla, si ascendemos por las empinadas calles del centro no tardaremos en llegar a la Sé, la catedral, un templo medieval que aúna varios estilos. Muy cerca de allí hay otra visita ineludible: la estación de São Bento, que sorprende por su vistosa decoración de miles de azulejos. Si vamos con niños, no les importara caminar hasta la librería Lillo e Irmão (Rua das Carmelitas) si les explicamos que en este establecimiento –que lleva abierto más de 130 años y tiene fama de ser de los más bonitos del mundo–, ha inspirado con su bello interior varias escenas de Harry Potter. La visita al viejo Oporto acaba con un café en el Majestic (Rua de Santa Catarina), de hermosa fachada modernista y un interior que traslada a tiempos de bohemia.

El Oporto contemporáneo: Serralves y Casa da Música
Pese a lo que pueda parecer, hay otra Oporto además de la de calles empedradas y viejos tranvías. La ciudad “nueva”, vanguardista y atrevida, tiene dos de sus “templos” en la Fundación Serralves (rua Dom João de Castro, 210) y la Casa da Música (Avenida da Boavista, 4149). El primero de estos espacios es un paraíso para los amantes del arte, pues el museo diseñado por Álvaro Siza alberga una nutrida colección contemporánea.
El recinto se completa con las exposiciones temporales de la Casa de Serralves y un parque de 18 hectáreas. En la Casa da Música, por el contrario, serán nuestros oídos los que se deleiten. El moderno edificio de Rem Koolhaas es sede de tres orquestas, pero sus salas dan cabida a géneros tan dispares como el jazz, el reggae o el tango.

Y es que Oporto es una ciudad de contrastes, mezcla de estilos locales y foráneos –como los llevados por los ingleses durante siglos–, pero también fusión cada vez más perfecta de lo tradicional y lo moderno: una ciudad de atmósfera decadente que respira sin complejos los renovados aires de la modernidad.
Guía práctica para viajar al norte de Portugal
Cómo llegar y moverse
Hay varias low cost que vuelan hasta el aeropuerto de Oporto. Ryanair lo hace desde Madrid, Barcelona, Gran Canaria, Palma, Tenerife y Valencia. Vueling sólo desde Barcelona, y Air Nostrum desde Madrid. Volar con TAP sólo es posible desde Madrid o Barcelona.
Dónde dormir
En Oporto, el céntrico Hotel Teatro, es una opción original y moderna para descansar. Antigua sede del célebre Teatro Baquet –referencia de la vida literaria y artística tripeira–, no ha olvidado su pasado cultural: nada más entrar nos recibe un poema de Almeida Garret, y la recepción recuerda inevitablemente a la antigua taquilla del teatro. Otra elección que no defraudará es la Pousada do Porto, ubicada en la orilla del Duero, y que aprovecha las lujosas estancias del antiguo Palácio do Freixo, o bien el Hotel Infante Sagres, no menos fastuoso.
Dónde comer
En Oporto, si estamos en Vila Nova de Gaia visitando alguna de las bodegas típicas, una buena opción es la cocina de The Yeatman (Rua do Choupelo, 4400-088). Si estamos en el centro histórico de la ciudad, lo ideal es buscar un local en el que degustar la típica francesinha, un contundente plato tripeiro que saciará hasta al más hambriento.
Qué comprar
Lo más típico en Oporto son los habituales vinos que nos ofrecerán en las numerosas bodegas que salpican Vila Nova de Gaia y buena parte del resto de la ciudad, pero también es buena idea adquirir alguna pieza de cerámica, como los hermosos azulejos decorados, tan típicos de la región. Otra opción, aprovechando la visita a Lello e Irmão, es comprar un buen libro de Camões, Pessoa, Lobo Antunes o Saramago.
Cuándo viajar
El verano es buen momento para visitar la mayor parte de la región, pues el clima –muy similar al gallego–, da una tregua con las lluvias en las fechas del estío, sin alcanzar temperaturas muy altas. En Oporto la cosa cambia, pues con el verano aumenta mucho el número de visitantes y no se disfruta tanto de la atmósfera tan particular de la ciudad. En este caso los mejores meses son los de primavera y otoño, en los que el aire melancólico de Oporto brilla en todo su esplendor.
Más información: Turismo de Portugal (Visit Portugal)