Entre la herencia industrial de Silesia y las ciudades monumentales de la Pequeña Polonia, el sur del país concentra algunos de sus enclaves históricos más valiosos. Esta ruta por el sur de Polonia enlaza Katowice, Tychy, Pszczyna, Auschwitz-Birkenau, Cracovia y las minas de sal de Wieliczka.
Katowice: arquitectura industrial y nueva vida cultural
En Katowice, capital del voivodato de Silesia y principal ciudad de la Alta Silesia, las apariencias engañan. A primera vista, la ciudad parece tener poco que ofrecer, con sus grises edificios de época comunista salpicando cada rincón y con las huellas de su identidad minera impregnándolo todo. Pero esta primera impresión, equivocada, no tarda en esfumarse. Katowice está en plena transformación, y aunque a menudo haya que convivir con las incómodas obras, el resultado compensa con creces.
Es lo que sucede, por ejemplo, con la nueva sede del Museo de Silesia, ubicado en una de las antiguas minas de carbón, y que abrió sus puertas en 2015. Si la silueta del nuevo museo –que combina las formas de la vieja mina con la arquitectura más vanguardista– capta al instante nuestra atención, otro tanto sucede con el célebre Spodek, el singular recinto multiusos inaugurado en 1971 y convertido en uno de los iconos de la arquitectura polaca de la etapa socialista.
No lejos de allí se encuentra la plaza del Mercado, centro neurálgico de Katowice y el mejor lugar para tomar el pulso a la ciudad. Desde aquí podemos descubrir edificios como el del Teatro de Silesia, o iniciar una ruta para conocer el rico patrimonio modernista de la capital, además de llevarnos hasta la catedral de Cristo Rey, considerada la más grande de toda Polonia.
A la hora de saciar el apetito, nosotros nos decantamos por el pintoresco restaurante Kryształowa, especializado en comida tradicional polaca y silesiana. De regreso al hotel, y como alternativa al paseo, podemos tomar alguna de las líneas de tranvía, en las que no es raro asistir a una escena que parece sacada de otra época: a menudo, los conductores abandonan unos segundos los mandos de la máquina para, barra de acero en mano, cambiar las agujas en algún cruce antes de continuar el trayecto.
Tychy y la tradición cervecera de Silesia
Durante siglos, Silesia ha forjado su riqueza gracias a las explotaciones mineras, pero también por medio de la cerveza. En la cercana población de Tychy, a veinte kilómetros de Katowice, conocen muy bien los secretos del dorado líquido. Allí la economía local ha estado sustentada desde el siglo XVII en la fabricación de cerveza, la célebre Tyskie. Así que Tychy, donde el olor a cebada tostada nos recibe nada más entrar en la población, es parada obligatoria para conocer la centenaria fábrica de cerveza donde, después de un instructivo recorrido por sus instalaciones, se premia a los visitantes con una refrescante muestra del elixir local.

Pszczyna y el palacio de la princesa Daisy
Si continuamos rumbo al sur, todavía en Silesia, llegamos a la coqueta localidad de Pszczyna, donde el protagonismo se lo reparten el viejo castillo y una de sus últimas moradoras, la princesa Daisy. El castillo-palacio fue durante siglos la residencia de la familia Hochberg, y hace unos cien años dio cobijo al príncipe Hans Heinrich XV. Su primera esposa, la británica Mary Theresa Olivia Cornwallis-West –más conocida como princesa Daisy–, es hoy uno de los símbolos de la población.
La pareja vivió durante años un bonito romance, pero el amor acabó por marchitarse, según las malas lenguas por culpa de las infidelidades. En las proximidades se encuentra el pabellón de caza de Promnice, perteneciente al Museo del Castillo de Pszczyna y actualmente cerrado por un proyecto de rehabilitación cuya finalización está prevista para 2027..

Auschwitz-Birkenau: memoria del Holocausto
Al traspasar los límites de Silesia y penetrar en territorio de la Pequeña Polonia, nos encontramos con un todavía tímido Vístula, el mismo que aguas abajo se convierte en el río más grande del país. Cerca de allí, donde todavía surca la tierra con escaso caudal, se encuentra la localidad de Oświęcim, ciudad que durante la ocupación alemana recibió el nombre de Auschwitz-Bikernau, el mayor complejo de campos de concentración y exterminio de la Alemania nazi.
Muchos turistas –y no pocos locales– evitan la visita al que fue uno de los principales centros de exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Y no es para menos. La visita al campo no es apta para los espíritus más sensibles. El paseo por sus antiguos barracones, en los que se repasa al detalle uno de los episodios más vergonzosos de la Historia, está salpicado aquí y allá de dolorosos recuerdos: no faltan maletas, piezas ortopédicas e incluso cabellos de quienes perdieron allí la vida. Para realizar la visita, es imprescindible reservar la tarjeta de acceso con antelación a través de su página web.

Cracovia, la gran ciudad monumental del sur de Polonia
Cracovia, a unos setenta kilómetros, nos recibe con un ambiente muy diferente. En gran medida, gracias a la animada vida estudiantil que genera la Universidad Jaguelónica, la misma en la que estudiaron Copérnico o Juan Pablo II. Ciudad monumental como pocas –su centro es Patrimonio de la Humanidad desde 1978–, la que fuera capital de Polonia durante siglos sigue conservando hoy en día un halo de misterio que asoma en cada esquina.
Rynek Główny y el subsuelo medieval
El corazón de Cracovia está en el Rynek Główny –plaza del Mercado– lugar en el que, antes o después, acaban recalando turistas y locales. Allí nos esperan algunos de los monumentos más importantes, como el Sukiennice –la antigua lonja de paños–, un hermoso edificio de estilo renacentista que fue centro del comercio local.
Sus porches porticados y su interior son un buen lugar para curiosear en sus tiendas y hacer alguna compra o, si el tiempo no acompaña, para degustar un café mientras esperamos la aparición del Hejnał Mariacki, el trompetista que, cada hora, desde la torre de la basílica de Santa María, hace sonar el hejnał mariacki, una tradición documentada desde el siglo XVI.

Hay más maravillas en la plaza del Mercado pero –como muchos otros tesoros de esta parte de Polonia–, se encuentran bajo tierra. Desde el año 2010 es posible recorrer el museo subterráneo que, con sus cuatro mil metros cuadrados, constituye un libro abierto que relata la turbulenta historia de la Cracovia medieval.
No podemos dejar atrás la plaza sin visitar uno de sus locales típicos, algunos con mucha solera, como la Słodki Vencelik, una pastelería que ocupa el local del antiguo Café Słodki Wentzl. Fundado en 1792, fue originalmente un local donde solo se servía vodka, pero acabó convirtiéndose en café y pastelería. Sin duda, uno de los mejores lugares para degustar postres como la tarta de queso cracoviana (sernik krakowski) o el pastel de crema papal (papieska kremówka).
La Vía Real y la colina de Wawel
Saciado el apetito, es hora de recorrer la antigua Vía Real en el mismo sentido que siguieron durante siglos monarcas, dignatarios y comitivas. El itinerario comienza junto a la barbacana gótica y atraviesa la Puerta de San Florián, uno de los pocos vestigios conservados de las murallas medievales. Desde allí, la concurrida calle Floriańska conduce hasta Rynek Główny; después de cruzar la plaza del Mercado, la ruta continúa por las calles Grodzka y Kanonicza rumbo a la colina de Wawel.
El recorrido culmina en este promontorio sobre el Vístula, donde se alzan la catedral y el Castillo Real, dos de los grandes símbolos de Cracovia. Desde 1320, la catedral de Wawel fue el escenario de las coronaciones de los monarcas polacos y se convirtió también en panteón real. El castillo, antigua residencia de la corte, alberga hoy valiosas colecciones artísticas –entre ellas, un magnífico conjunto de tapices– y estancias como la Sala de los Diputados.

Cracovia, Ciudad de la Literatura
Además de su incalculable riqueza histórico-artística, Cracovia ha sido también cuna de grandes literatos. No en vano, la UNESCO la declaró hace unos años “ciudad de la literatura”. Y es que sus calles, cafés y restaurantes han cobijado a no pocos genios de las letras, inspirando a autores de la talla de Czeslaw Milosz, Joseph Conrad o la premio Nobel Wisława Szymborska. Esta última, por ejemplo, frecuentó hasta sus últimos días el restaurante Pod Baranem, un singular establecimiento donde no sólo es posible degustar sabrosos platos, sino también empaparse de la cultura que se respira entre sus paredes.
Las minas de sal de Wieliczka
Un último enclave nos aguarda antes de abandonar el sur del país. A una media hora en coche desde Cracovia, las minas de sal de Wieliczka constituyen una de las principales joyas de la Pequeña Polonia. Explotadas durante más de 900 años, estas minas no sólo han generado importantes beneficios a la región, sino que inspiraron también a no pocos mineros que, al tiempo que perforaban el subsuelo, se dedicaban a ratos a tallar impresionantes esculturas en la roca de sal.

El recorrido cuenta con más de tres kilómetros de galerías, y en ellas nos esperan sorpresas como una enorme capilla –la de Santa Kinga– o un bello lago subterráneo. Todo un auténtico descenso a las entrañas de la Tierra que nos hará sentir protagonistas del más fantástico relato de ficción.
Guía práctica para viajar por el sur de Polonia
Cómo llegar:
La compañía de bajo coste Wizzair cuenta con vuelos directos desde Barcelona a Katowice y Varsovia.
Dónde comer:
En Katowice, la mejor opción es el restaurante Kryształowa (Warszawska, 5). En Cracovia, el restaurante Pod Baranem es uno de los establecimientos con más encanto.
Dónde dormir:
En Katowice, el Novotel Centrum (Rozdzienskiego, 16) se encuentra bien situado, cerca del nuevo Museo de Silesia y el singular Spodek. En Cracovia nos decantamos por el céntrico Amadeus (Mikolajska, 20) o el lujoso Copernicus (Kanonicza, 16), todo un Relais & Chateaux.
Dónde comprar:
Si queremos darnos un capricho o hacer un regalo original, en Katowice podemos acudir al Silesia City Centre (Chorzowska 107), donde encontraremos algunas de las marcas polacas de la más alta calidad, como Tatuum, Carry o Reserved. Si buscamos algo más peculiar o alternativo, la ciudad también ofrece numerosas tiendas con ropa de segunda mano o el vistoso mercado de ropa de Plac Synagogi. En Cracovia, lo mejor es dejarse caer por la calle Floriańska, o visitar las numerosas tiendas que encontraremos en el interior de la antigua Lonja de paños.
De copas:
En Cracovia, los aledaños de la plaza del Mercado cuentan con multitud de locales en los que alargar la noche. Una recomendación: no olvides pedir un Wsciekzy Pies(perro rabioso), un curioso (y potente) chupito a base de vodka, grosella y tabasco cuyos colores dan forma a la bandera polaca.
Más información: Oficina de Turismo de Polonia