Llega la comida o cena de empresa. Tienes que pasar un rato cordial con gente a la que odias a diario… ¿cómo hacerlo sin que se note? Ahí van unos consejos.
Llegan las Navidades. Con sus luces, discretas o a lo Abel Caballero, los turrones, las reuniones familiares (lo sentimos), con amigos y… las comidas o cenas de empresa. Sí, ese trámite por el que hay que pasar si eres un empleado por cuenta ajena (los autónomos, por una vez, jugamos con ventaja).
Pasamos más tiempo en las oficinas que con nuestras familias, por eso a partir del verano hay tantas separaciones. Y claro, el ecosistema empresarial es un reflejo de lo que hay en la calle, con todas sus vilezas. Claro que están los compañeros que te caen bien, alguno habrá, pero también están los que odias en silencio. Y no digamos ya los jefes, porque hay jefes encantadores, por supuesto, pero hay que buscarlos mucho… Los demás suelen ser una copia en distintos grados de Miranda en El Diablo viste de Prada.
Así que, con esos mimbres (compañeros a los que detestas, otros/as que te ponen pero claro, donde pongas la olla no tienes que poner lo demás…, jefes odiosos) te tienes que ir a comer o a cenar y ya te da ardor de estómago porque, hombre, un básico de la vida es ir a comer con quien quieres, ¿verdad? Pues no es el caso.
¿Cómo sobrevivir a semejante encuentro que va a durar, como poco, entre 3 y 4 horas? Porque la cosa está muy mala y no quieres meter la pata para que al día siguiente te llame Recursos Humanos y te invite a ir a freír espárragos, ¿cierto? Vamos entonces con unos consejos básicos para poder salir indemne de semejante gesta.
Antes de…
Dale a la tila: a la menta poleo, a la manzanilla, incluso tómate una aswaghanda durante cada día de la semana anterior a la gran fecha. Si el yoga te va bien, amanece temprano y hazte unas posturas. O sal a correr…
En definitiva, “antes de” haz lo que mejor te venga para que vayas cansadita/o y relajadita/o. Si lo que te relaja es el alcohol, ojocuidao, con mesura: no queremos que imites a aquel señor en una cena de Navidad de una famosa revista que se pasó toda la noche vociferando «Qué tipazo», porque la directora, bastante odiosa, por cierto, se llamaba Ketty.
Prueba unas sonrisas frente al espejo: pasa 5 minutos, no es necesario mucho más, entrenando sonrisa frente al espejo. Intenta que no quede forzada. Venga, que tú puedes. También viene bien ponerse algún monologuista que te guste o un podcast de humor, para levantar el ánimo.
En lo referido a la vestimenta, informal pero arreglao. No hay que ir como si fueras un homeless, pero tampoco a lo Elsa bajando por las escaleras en Frozen… Sé elegante. Tampoco hace falta que te viertas toda la colonia por el cuerpo.
Durante
Te diríamos que vayas con margen para poder sentarte con quien mejor te caiga, si es que hay alguien que te cae bien en la empresa. Si llegas apurada quedará libre lo que quede, no queremos quejas. No, la cena de empresa no es el momento para que te tires a degüello de la de contabilidad que te gusta o del directivo que te pone…
No es que estemos en contra de los amores en las compañías –desde aquí saludamos cariñosamente a los del concierto de Coldplay–, pero chica, ya tenemos una edad y vemos más las desventajas que la posible pasión de un polvo en el cuarto de la impresora. ¿Has probado Tinder?
Sé cordial, aunque te cueste. Sonríe (acuérdate que has estado probando en casa). Toca temas banales: el tiempo, los proyectos para Navidades, la programación cultural del Ayuntamiento… No te metas en jardines y sí, la política lo es y la religión también. Tema comodín: la nueva temporada de Stranger Things, por ejemplo.
No des la brasa: si sabes mucho de pesca del salmón o de física cuántica, la cena o comida de Navidad no son el momento para que le pongas la cabeza loca al que tengas al lado. De verdad, no le interesa.
Tampoco es momento de hablar de trabajo por mucho que seas un calientasillas y te guste quedarte hasta que se va la luz: hemos venido a pasar un buen rato o al menos a intentarlo, no sé habla del proyecto que tenéis entre manos.
Come y bebe con moderación.
Después de… las peligrosas copas
Sí, ha llegado el momento en el que Nacho, apodado “el piloto” y no porque fuese piloto antaño, sino porque tiene una protuberancia en la frente, se pone la corbata a lo ninja y se sube a la mesa… ¿Lo está haciendo bien Nacho? Hombre, pues la verdad, no nos parece el mejor entorno para que se suelte la melena (que no tiene porque es calvo).
Quizás sería más recomendable que eso lo hiciese con sus amigos (no tiene) en cualquier fin de semana (no sale) peeroooo… En este momento ya lo más sabio quizás sea recogerte, te recordamos que te ha costado ir a cenar con esta gente. Pero si ya estás y te apetecen unas copas, pues chica, que sea lo que los dioses quieran…
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