La plataforma de Preikestolen sobre las aguas de Lysefjord, entre montañas
Reportaje especial · Noruega

Stavanger y Preikestolen: Entre casas y fiordos

Casas de madera, memoria marinera y un mirador suspendido sobre Lysefjord. Un viaje por la costa suroeste de Noruega.

Texto y fotos: Carlos Rodríguez Zapata

Fotografía: Carlos Rodríguez Zapata

En la costa suroeste de Noruega, rodeada por algunos de los paisajes más espectaculares del país, Stavanger reúne dos caras aparentemente opuestas. Es uno de los grandes centros de la industria energética noruega, pero también una ciudad tranquila y manejable, con un casco histórico de casas de madera, una intensa vida cultural y el fiordo Lysefjord a sus puertas. Allí, suspendido 604 metros sobre las aguas, se encuentra Preikestolen, el célebre Púlpito y uno de los miradores naturales más reconocibles de Noruega.

Edificio del Museo Noruego del Petróleo junto al agua
Capítulo I

Stavanger: del mar al petróleo

Stavanger sorprende por su tranquilidad. Basta caminar por sus calles para descubrir una ciudad de dimensiones amables, cuidada y con una notable vida cultural. Un concierto de cámara en una iglesia puede convivir con exposiciones en bares, hoteles y restaurantes, mientras el puerto recuerda a cada paso la estrecha relación de la ciudad con el mar.

Situada al sur de Bergen y muy cerca de Lysefjord, Stavanger ha sabido reinventarse varias veces a lo largo de su historia. Primero vivió de la pesca y de una poderosa industria conservera; después llegaría el petróleo, que transformaría para siempre su economía y la convertiría en uno de los principales centros energéticos del país.

Un velero tradicional navega por el puerto de Stavanger
Un velero tradicional navega por el puerto de Stavanger · © Carlos Rodríguez Zapata

El gran cambio se produjo a finales de 1969, con el descubrimiento de Ekofisk en el sector noruego del mar del Norte. La explotación comenzó poco después y marcó el inicio de la gran era petrolera de Noruega. Stavanger ocupó desde entonces una posición privilegiada como centro de operaciones de una industria que terminaría desempeñando un papel decisivo en la economía nacional.

Parte de los ingresos procedentes del petróleo y el gas alimentan hoy el Government Pension Fund Global, el gigantesco fondo soberano creado para que esa riqueza pueda beneficiar también a las generaciones futuras. Una de las mejores maneras de entender esta transformación es visitar el Museo Noruego del Petróleo (Norsk Oljemuseum). Su arquitectura contemporánea destaca junto al puerto y sus exposiciones explican desde la formación del petróleo y el gas hasta los sistemas utilizados para localizarlos, extraerlos y transportarlos. Maquetas, instalaciones interactivas, películas y recreaciones tecnológicas permiten acercarse a una industria que cambió no solo Stavanger, sino el conjunto del país. El museo aborda también el impacto social de los ingresos petroleros y los desafíos climáticos asociados al sector.

Maqueta de una plataforma petrolífera en el museo
Maqueta de una plataforma petrolífera en el museo · © Carlos Rodríguez Zapata
Esferas rojas en el parque infantil junto al Museo del Petróleo
Esferas rojas en el parque infantil junto al Museo del Petróleo · © Carlos Rodríguez Zapata
Calle adoquinada entre casas blancas de Gamle Stavanger
Capítulo II

Gamle Stavanger: el barrio de las casas blancas

La otra gran transformación de Stavanger fue muy distinta. Frente a la modernidad de las plataformas petrolíferas, la ciudad decidió proteger uno de sus principales tesoros: sus barrios históricos de madera.

En la orilla occidental de Vågen se extiende Gamle Stavanger, el casco antiguo, un entramado de pequeñas calles adoquinadas por las que apetece caminar sin demasiada prisa. Aquí se conservan 173 edificios de madera, en su mayoría pequeñas viviendas blancas levantadas entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Es uno de los conjuntos urbanos de madera mejor preservados de Europa.

Macetas, jardines diminutos, fachadas impolutas y calles que descienden hacia el puerto componen la imagen más delicada de Stavanger. Pero no se trata de un decorado turístico: las casas siguen estando habitadas, algo que explica buena parte del carácter del barrio.

Calle entre casas blancas de Gamle Stavanger hacia el puerto
Calle entre casas blancas de Gamle Stavanger hacia el puerto · © Carlos Rodríguez Zapata
Una vecina ante la puerta azul de una casa de Gamle Stavanger
Una vecina ante la puerta azul de una casa de Gamle Stavanger · © Carlos Rodríguez Zapata

En Øvre Strandgate se encuentra además uno de los museos que mejor resumen el pasado industrial de la ciudad: IDDIS, que reúne el Museo Noruego de la Conserva y el Museo Noruego de la Imprenta.

Durante décadas, las fábricas de conservas fueron fundamentales para la economía local. La creciente necesidad de etiquetas y envases impresos terminó impulsando también una importante industria gráfica, de ahí que ambos mundos compartan hoy un mismo museo. La antigua fábrica permite conocer cómo se preparaban y envasaban las conservas y cuál era la vida cotidiana de quienes trabajaban en aquella industria.

Mesas y antiguas latas en el Museo Noruego de la Conserva
Mesas y antiguas latas en el Museo Noruego de la Conserva · © Carlos Rodríguez Zapata
Demostración de preparación del pescado en la antigua fábrica de conservas
Demostración de preparación del pescado en la antigua fábrica de conservas · © Carlos Rodríguez Zapata
Vista del puerto de Stavanger y la torre de Valberg
Capítulo III

Vågen y Fargegaten: el Stavanger más animado

Del silencio de Gamle Stavanger se pasa en pocos minutos a la zona más animada de la ciudad. Al otro lado del puerto aparecen las calles comerciales, terrazas, restaurantes y algunos de sus edificios más reconocibles.

Uno de ellos es Valbergtårnet, la torre de Valberg, levantada a mediados del siglo XIX para los antiguos vigilantes de la ciudad. Su posición elevada la convierte en uno de los puntos de referencia del centro histórico.

Muy cerca se encuentra la catedral de Stavanger, cuyos orígenes se remontan a comienzos del siglo XII. Es la única catedral medieval noruega que ha mantenido en gran medida su arquitectura original y continúa en uso desde la Edad Media.

Casas de colores junto al puerto, con Valbergtårnet al fondo
Casas de colores junto al puerto, con Valbergtårnet al fondo · © Carlos Rodríguez Zapata
Aves junto a la orilla del lago Breiavatnet, en Byparken
Aves junto a la orilla del lago Breiavatnet, en Byparken · © Carlos Rodríguez Zapata

Junto a ella se extiende el parque que rodea el pequeño lago Breiavatnet, uno de los espacios de descanso más agradables del centro. El cambio de registro llega al entrar en Øvre Holmegate, conocida popularmente como Fargegaten, la «calle de los colores». Cafés, bares, comercios y fachadas pintadas en tonos vivos transforman esta pequeña vía en uno de los rincones más fotogénicos de Stavanger. El arte urbano que aparece en distintos puntos del centro refuerza ese aire creativo que permanece como uno de los legados de la etapa en la que Stavanger compartió con Liverpool el título de Capital Europea de la Cultura en 2008.

Desde allí, el paseo vuelve inevitablemente hacia Vågen, la ensenada del antiguo puerto, rodeada de históricos almacenes marítimos ocupados ahora por restaurantes y locales. Cuando cae la tarde y disminuye el movimiento de los cruceros, es uno de los mejores lugares de la ciudad para sentarse frente al agua.

Fachadas de colores y terrazas de Fargegaten
Fachadas de colores y terrazas de Fargegaten · © Carlos Rodríguez Zapata
Mural de arte urbano sobre una fachada azul de Stavanger
Mural de arte urbano sobre una fachada azul de Stavanger · © Carlos Rodríguez Zapata

Pero Stavanger tiene una ventaja difícil de igualar: a poca distancia del casco urbano comienza uno de los paisajes más famosos de Noruega.

La pared vertical de Preikestolen se eleva sobre el fiordo
Capítulo IV

Preikestolen: el Púlpito sobre Lysefjord

El Preikestolen, literalmente «el Púlpito», se alza sobre las aguas de Lysefjord como una inmensa plataforma natural. Su cima, situada a 604 metros sobre el fiordo, ofrece una de esas panorámicas que han acabado formando parte del imaginario de Noruega.

Alcanzarla exige, eso sí, cierto esfuerzo. La ruta comienza en las inmediaciones de Preikestolen Basecamp y recorre aproximadamente ocho kilómetros entre ida y vuelta, con unos 500 metros de desnivel acumulado. Lo habitual es reservar alrededor de cuatro horas para completar el recorrido, aunque el tiempo dependerá del ritmo y de las condiciones meteorológicas.

El camino atraviesa zonas boscosas, pequeñas lagunas y tramos de roca desnuda. En algunos sectores más empinados, escalones construidos sobre la piedra facilitan el ascenso. No es una excursión técnicamente difícil para una persona acostumbrada a caminar, pero conviene llevar calzado adecuado, agua, algo de comida y consultar siempre la previsión meteorológica antes de salir.

Senderistas contemplan Lysefjord desde las alturas
Senderistas contemplan Lysefjord desde las alturas · © Carlos Rodríguez Zapata
Roca y montañas frente a las aguas de Lysefjord
Roca y montañas frente a las aguas de Lysefjord · © Carlos Rodríguez Zapata

La recompensa aparece de golpe. Tras las últimas pendientes, el paisaje se abre y la gran plataforma rocosa queda suspendida sobre Lysefjord.

Desde arriba, las dimensiones del escenario resultan difíciles de apreciar hasta que alguna de las diminutas embarcaciones que navegan por el fiordo permite hacerse una idea de la escala. Quienes se acercan al borde –no existe una barandilla que separe al visitante del precipicio– descubren bajo sus pies una caída vertical de más de seiscientos metros. El vértigo está asegurado. También una de las imágenes más espectaculares del viaje.

Visitantes sobre la gran plataforma rocosa de Preikestolen
Visitantes sobre la gran plataforma rocosa de Preikestolen · © Carlos Rodríguez Zapata
Fachadas y terrazas junto al muelle de Haugesund
Capítulo V

Haugesund: Marilyn Monroe, cine y raíces vikingas

Al norte de Stavanger, Haugesund ofrece una última escapada interesante. Su paseo marítimo, sus cafés y su estrecha relación con el cine forman parte del atractivo de esta pequeña ciudad costera, sede del Festival Internacional de Cine de Noruega.

En el muelle aparece además una presencia inesperada: Marilyn Monroe. Una estatua de la actriz, obra del escultor Nils Aas e inaugurada en 1994, mira hacia las aguas de Smedasundet.

Durante años se afirmó que el padre de Marilyn Monroe procedía de la región de Haugesund, una historia que llegó a formar parte del imaginario local y que explica la existencia de la escultura. Sin embargo, las investigaciones posteriores desmintieron esa supuesta vinculación familiar. La estatua permanece, por tanto, como testimonio de una curiosa leyenda local más que como homenaje a una relación genealógica demostrada.

Estatua de Marilyn Monroe junto a Smedasundet, en Haugesund
Estatua de Marilyn Monroe junto a Smedasundet, en Haugesund · © Carlos Rodríguez Zapata
Una casa blanca ocupa un pequeño islote cerca de Haugesund
Una casa blanca ocupa un pequeño islote cerca de Haugesund · © Carlos Rodríguez Zapata

Más sólida es la conexión de la región con el pasado vikingo. Cerca de Haugesund, Avaldsnes, en la isla de Karmøy, fue uno de los principales centros de poder de los antiguos reyes noruegos y una de las residencias de Harald I, conocido como Harald Cabellera Hermosa. El lugar permite adentrarse en los orígenes medievales del reino y descubrir uno de los escenarios históricos más importantes de la costa occidental de Noruega.

La tradicional fecha de 872 asociada a la unificación de Noruega corresponde, en cambio, a la batalla de Hafrsfjord, junto a Stavanger —aunque los historiadores advierten de que esa datación no es segura—. Hoy el episodio se recuerda allí con el monumental conjunto Sverd i fjell, tres enormes espadas clavadas en la roca frente al fiordo.

De las casas blancas de Gamle Stavanger a los paisajes verticales de Preikestolen, la región resume algunas de las contradicciones más sugerentes de Noruega: tradición e industria, cultura urbana y naturaleza desbordante, memoria marinera y riqueza petrolera. Todo concentrado alrededor de una ciudad que, pese a su importancia económica, conserva todavía una sorprendente escala humana.