Reportaje especial · Armenia

Armenia Un tesoro natural y cultural por descubrir

Monasterios excavados en la roca, lagos de altura, antiguas rutas de caravanas y pueblos donde el pan sigue cociéndose en hornos de barro. Un viaje lento, cercano y profundamente humano.

Redacción  ·  Wanderer Magazine

Armenia es todo un descubrimiento incluso para el viajero más experimentado. En un mundo donde el turismo persigue listas de lugares imprescindibles y fotografías perfectas, este pequeño país del Cáucaso propone otra manera de viajar: más lenta, más cercana y más humana; no por ello menos hermosa.

Si hubiera que definir Armenia en pocas palabras, probablemente serían historia, autenticidad y silencio. El silencio de las montañas al amanecer, el de las iglesias excavadas en la piedra y el de los caminos históricos que durante siglos conectaron Oriente y Occidente. La autenticidad de su enorme riqueza cultural y de sus gentes. La historia que empieza hace casi una eternidad, como cuna de la civilización Urartu, una de las más antiguas del mundo, que tuvo un poderoso reino nueve siglos antes de Cristo; que fue el primer país en adoptar el cristianismo como religión oficial; que alberga un pasado con curiosidades como el antiguo observatorio de Karahunj, creado hace unos 7.500 años, desde donde ya entonces estudiaban las estrellas; o hitos como el zapato de cuero más viejo del mundo —con 5.500 años— encontrado en una cueva. Resistencia, cultura y apego a la tierra son marcas de todo ello que se reflejan en la sociedad y la forma de vivir de los armenios hoy.

A caballo entre Europa y Asia, Armenia es un país de dimensiones modestas y, quizá por eso, todavía por descubrir para el turismo masivo. Los viajeros internacionales suelen quedarse en Ereván, la capital, una ciudad vibrante y hospitalaria desde la que se divisa, en los días despejados, la silueta del monte Ararat dominando el horizonte. Sin embargo, limitar el país a ella sería perderse mucho de lo esencial. A solo unas horas de coche se encuentran profundos desfiladeros, lagos alpinos, monasterios medievales y aldeas agrícolas donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo.

Dos caballos pastan en un valle verde de la región armenia de Tavush
Paisaje montañoso de Tavush, en el nordeste de Armenia · Karine Avetisyan - Unsplash

En este país, la historia, la naturaleza y las tradiciones están profundamente entrelazadas. Puedes visitar un monasterio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por la mañana, disfrutar de un almuerzo con una familia local y terminar el día rodeado de impresionantes paisajes de montaña. «La mayoría se sorprende de todo lo que Armenia ofrece en un país tan pequeño. No esperan encontrar paisajes tan impresionantes, tantos monasterios antiguos en lugares espectaculares y, sobre todo, la calidez y hospitalidad del pueblo armenio», afirma Armine Nazaryan, agente local de Evaneos.

Escultura de un toro en Armenia
Escultura de un toro en Armenia · Alexandr Popadin - Unsplash
Monumento de la Madre Armenia en Ereván
La Madre Armenia vigila Ereván desde lo alto del Parque de la Victoria · Danila Rassokhin - Unsplash
Vista aérea del cañón de Kasagh
El cañón de Kasagh se abre paso entre la meseta armenia
Capítulo I

Monasterios, lagosy gargantas

Uno de los grandes tesoros de Armenia es el monasterio de Geghard, parcialmente excavado en la roca y rodeado por paredes de piedra que amplifican el sonido de los cánticos y el rumor del viento. Su atmósfera espiritual, casi intacta desde hace siglos, invita más a la contemplación que a la visita apresurada.

Muy cerca, el desfiladero de Azat ofrece otro de esos paisajes que parecen pertenecer a otro mundo. Recorrerlo al amanecer, cuando la luz empieza a iluminar sus espectaculares formaciones basálticas y apenas hay visitantes, permite descubrir una Armenia silenciosa y monumental. Esta experiencia puede completarse con el cercano templo de Garni, uno de los símbolos del pasado precristiano del país y un magnífico mirador sobre el valle.

Cartografía del viaje

Armenia, de un vistazo

De la energía de Ereván al silencio de los monasterios. Pulsa cada destino para situarlo en el mapa y recorrer algunos de los lugares que atraviesan este reportaje.

Templo helenístico de Garni rodeado de montañas
El templo de Garni, símbolo del pasado precristiano de Armenia

Tampoco deberíamos perdernos el lago Sevan, conocido como la joya azul del Cáucaso, que es uno de los mayores lagos de montaña del mundo y uno de los símbolos nacionales del país. Un lugar bellísimo que encantará a los «cazadores de imágenes», pero que es mucho más que eso. A día de hoy, muchas de sus calas y playas siguen siendo un lugar de encuentro, de recuerdos familiares y de gastronomía ligada al pescado de agua dulce y a las reuniones estivales junto a la orilla para los armenios.

Cruces de piedra talladas en la roca del monasterio de Geghard
Jachkares y cruces talladas en la roca de Geghard · HASMIK GHAZARYAN OLSON
Monasterio de Sevanavank sobre el lago Sevan
Sevanavank contempla las aguas de la «joya azul del Cáucaso»
Monasterio de Noravank entre montañas rojizas
Noravank, encajado entre los acantilados rojizos del valle de Amaghu
Una pastora con sus ovejas entre jachkares armenios
Una pastora con sus ovejas entre jachkares, las cruces de piedra que guardan la memoria espiritual del país
Jachkares tallados junto al monasterio de Noravank
El delicado trabajo en piedra de los maestros armenios
Detalle del monasterio de Tatev
El monasterio de Tatev, en el sur de Armenia
Capítulo II

Comercioy gastronomía

Lejos de los circuitos más transitados, Armenia conserva también algunos de los vestigios más fascinantes de la antigua Ruta de la Seda. El paso de Selim, por ejemplo, atraviesa montañas y valles abiertos y permite al viajero recorrer uno de los itinerarios históricos utilizados durante siglos por comerciantes y caravanas. Y, en mitad de ello, un antiguo caravanserai medieval que fue refugio para mercaderes y animales en sus largos viajes entre continentes.

Hoy permanece casi olvidado, rodeado únicamente por el viento y por unas vistas espectaculares sobre los valles del sur del país. Caminar por aquí es entender que Armenia siempre fue un lugar de paso, intercambio y encuentro entre culturas. Solo por eso, merece la pena el paseo.

No muy lejos de allí, en el pueblo vinícola de Areni, algunas familias abren las puertas de sus casas y de sus hornos tradicionales. «Una experiencia que suele sorprender a los visitantes es participar en la elaboración del tradicional pan lavash en una casa local o en un restaurante familiar. Es una forma sencilla pero muy auténtica de conectar con la cultura y la hospitalidad armenias», explica Nazaryan.

Pero este pan no es la única joya gastronómica. La cocina armenia es tan diversa como su geografía. En el mercado GUM de Ereván se puede encontrar un poco de todos los sabores del país: albaricoques secos, quesos de montaña, frutos secos, especias y productos procedentes de la fértil región de Ararat.

Y es que, quien llega a Armenia buscando monasterios descubre paisajes de montaña. Quien viene atraído por la historia encuentra hospitalidad. Quien espera un destino de paso termina llevándose conversaciones, recetas y melodías que permanecen mucho después del regreso.

Y todos, sin duda, se llevan de vuelta un poco de su música. Porque si hay algo indisoluble de la cultura es el duduk, un instrumento de viento, de tono melancólico e inconfundible, que se ha convertido en uno de los grandes símbolos culturales del país. ¿Quieres aprender a tocarlo? En el histórico barrio de Kumayri, en Gyumri, algunos músicos están dispuestos a enseñar los primeros acordes y compartir el significado emocional del duduk.

Iglesia de piedra negra y rojiza en Gyumri
Gyumri, ciudad de artistas, música y memoria
Tres experiencias

Armenia, a otro ritmo

01

Caminar

Por el desfiladero de Azat a primera hora del día, cuando el sol comienza a teñir de dorado las columnas de basalto y el único sonido es el del río abriéndose paso entre las rocas.

02

Recorrer

El paso de Selim hasta alcanzar el antiguo caravanserai y contemplar desde allí las montañas que durante siglos guiaron a comerciantes y viajeros.

03

Escuchar

Una lección de duduk en Gyumri, descubriendo cómo un instrumento puede condensar siglos de historia, nostalgia y orgullo nacional.

Armenia, en fin, no se presenta como un destino de grandes artificios, sino como una experiencia íntima y profundamente auténtica. Un país donde historia, naturaleza y tradición conviven en equilibrio y donde el viajero descubre que, a veces, los lugares más pequeños son los que dejan los recuerdos más grandes.

«Armenia encarna nuestra visión de viaje en Evaneos: salirse de los caminos trillados, donde el verdadero descubrimiento no se encuentra en una guía, sino que se vive a través de la hospitalidad de una familia, un trozo de pan lavash compartido o una clase de duduk en Gyumri. Esa puerta a la autenticidad sólo puede abrirse con la guía local. Eso es precisamente lo que nuestras agencias hacen posible, y es la esencia misma de lo que hacemos», concluye Aurélie Sandler, coCEO de Evaneos.

Fachada vertical del monasterio de Noravank
La iglesia de Surb Astvatsatsin, en Noravank
Quien llega a Armenia buscando monasterios descubre paisajes de montaña. Quien viene atraído por la historia encuentra hospitalidad.

Tu viajea Armenia

Armine Nazaryan, agente local de Evaneos, ofrece varios programas de 7, 10 o 14 días para descubrir Armenia, su cultura, su gastronomía y, sobre todo, su diversidad natural y cultural.

Descubrir los itinerarios

Los lugares más pequeños son, a veces, los que dejan los recuerdos más grandes.

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