Reportaje Especial · Estambul & Capadocia

Turquía Del embrujo de Estambul a la magia de Capadocia

Metrópoli mestiza, antigua capital de tres imperios y encrucijada entre dos mares y dos continentes, Estambul anuncia las maravillas que aguardan en el corazón de Anatolia.

Texto y fotografías · Javier García Blanco  ·  Wanderer Magazine
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Estambul es una de esas ciudades que lo contienen todo: historia milenaria, arquitectura sublime, culturas que se superponen como capas de sedimento, y un pulso urbano que no descansa. Más al interior, Capadocia aguarda con sus paisajes de otro planeta.

El sol lleva toda la mañana riñendo con una neblina pegajosa que parece empeñada en no disiparse. Justo cuando desde los minaretes comienza a escucharse la melódica llamada al öğle, el rezo del mediodía, el sol se impone por fin y los primeros rayos, todavía tímidos, iluminan las cúpulas de las mezquitas. Estambul lleva horas poseída por su frenesí habitual, que lo agita todo, pero con la aparición del tibio sol de comienzos de primavera parece animarse aún más.

Los vendedores de simit —roscas de pan con sésamo— anuncian su producto con más entusiasmo; un gato —de los miles que pululan por las calles de la metrópoli turca— se despereza y echa a correr por el parque de Sultanahmet; turistas y devotos aprietan el paso y ponen rumbo hacia la cercana Ayasofya: unos para honrar con sus rezos a Allah, otros para admirarse con el portento de un templo que lleva en pie casi 1.500 años y ha tenido muchas vidas: iglesia, mezquita, museo y de nuevo mezquita.

3 Imperios que tuvieron aquí su capital
3.000+ Mezquitas en Estambul
1.500 Años en pie lleva Santa Sofía
60.000 Espectadores cabía el Hipódromo
Interior de Santa Sofía
Interior de Santa Sofía, Estambul  ·  © Javier García Blanco

Estamos en la llamada península histórica, la porción de la ciudad que en su día ocupó la milenaria Bizancio y siglos después Constantinopla. Antes de que los otomanos se hicieran al fin con la urbe en el siglo XV, aquí, en lo que hoy se conoce como Sultanahmet, se levantaba el célebre Hipódromo, donde se celebraban las carreras de cuadrigas, que enfrentaban —a veces con derramamiento de sangre entre sus seguidores— a los equipos verde y azul. De aquel gigantesco recinto con capacidad para más de 60.000 espectadores, hoy apenas quedan en pie tres piezas singulares: el obelisco de Tutmosis III, la Columna Serpentina y el obelisco de Constantino.

Un poco más allá está Santa Sofía, auténtico corazón de la ciudad y perfecto resumen de su historia; un templo capaz de causar asombro incluso a los espíritus menos impresionables. Su gigantesca cúpula, que parece suspendida mágicamente en el aire, es una maravilla de la ingeniería que intentarían imitar los arquitectos otomanos durante siglos. Tanto es así, que no hay mezquita en Estambul —y suman más de 3.000— que no tenga en su ADN algo de Santa Sofía, transformada en lugar de devoción para los musulmanes tras la conquista otomana.

Obelisco de Tutmosis III
Obelisco de Tutmosis III · © Javier García Blanco
Luz en Santa Sofía
Santa Sofía — juego de luz · © Javier García Blanco
Izquierda: Obelisco de Tutmosis III, reliquia del antiguo Hipódromo  ·  Derecha: La luz penetra por las ventanas de la cúpula de Santa Sofía  ·  © Javier García Blanco
Santa Sofía exterior
Santa Sofía, la gran mezquita de Sultanahmet  ·  © Javier García Blanco

Esta innegable influencia se aprecia en la mezquita de Suleymaniye, la mayor de la ciudad, y también en la del sultán Ahmet, más conocida como Mezquita Azul debido a los bellos azulejos de Iznik que adornan su interior. También cerca de Sultanahmet se levanta otra de las maravillas de Estambul: el palacio Topkapi, construido sobre una colina en la Punta del Serrallo, justo donde confluyen las aguas del Cuerno de Oro, el Estrecho del Bósforo y el mar de Mármara.

Este majestuoso palacio, compuesto por un conjunto de pabellones y jardines que se articulan en torno a cuatro patios, dio cobijo durante siglos a los sultanes que rigieron los designios del imperio. Hoy es un maravilloso museo que permite descubrir la historia del país recorriendo las antiguas cocinas, las viviendas privadas del sultán y su familia, o el no menos fastuoso harén.

Fuente del sultán Ahmet III
Fuente del sultán Ahmet III · © Javier García Blanco
Mezquita Azul
La Mezquita Azul · © Javier García Blanco
Izquierda: Fuente del sultán Ahmet III  ·  Derecha: La Mezquita Azul, con sus seis minaretes  ·  © Javier García Blanco
Palacio Topkapi
Palacio Topkapi, hogar de los sultanes otomanos  ·  © Javier García Blanco
Topkapi detalle
Topkapi — detalle interior · © Javier García Blanco
Topkapi jardines
Topkapi — jardines & patios · © Javier García Blanco
El palacio Topkapi despliega una sucesión de cuatro patios, pabellones y jardines que asoman al Bósforo  ·  © Javier García Blanco

Antes de cruzar el Cuerno de Oro conviene visitar el Museo Arqueológico de Estambul, donde se exhibe una fabulosa colección que incluye notables ejemplos de estatuaria clásica y joyas como el llamado Sarcófago de Alejandro, además de una didáctica exposición sobre la historia de la ciudad. Estambul es también una ciudad eminentemente comercial, como demuestra su célebre Gran Bazar, uno de los mayores y más antiguos del mundo, con más de 3.000 puestos y tiendas repartidas en 61 calles.

Si el visitante se siente abrumado puede optar por el Bazar de las Especias, frente a los muelles de Eminönü, última parada de las caravanas que en otros siglos recorrían la Ruta de las Especias. Hoy reúne 97 tiendas donde es posible comprar hierbas aromáticas, café, dulces y una variedad de especias casi infinita.

Museo Arqueológico Estambul
Museo Arqueológico · © Javier García Blanco
Sarcófago de las Plañideras
Sarcófago de las Plañideras · © Javier García Blanco
Museo Arqueológico colecciones
Colecciones del Museo · © Javier García Blanco
El Museo Arqueológico de Estambul alberga una de las colecciones más importantes del mundo antiguo, con obras maestras halladas en Sidón  ·  © Javier García Blanco
Bazar de las Especias
El Bazar de las Especias, en Eminönü  ·  © Javier García Blanco

«La vida no puede ser tan mala cuando, al menos, uno siempre puede darse un paseo por el Bósforo»

— Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura

Atravesamos el Cuerno de Oro cruzando por el Puente Gálata, donde una multitud de pescadores se afana con sus cañas día y noche. Una vez en Beyoğlu, alcanzamos la histórica calle Istiklal —salpicada de tiendas internacionales y bellos edificios decimonónicos—, y el icono medieval del barrio: la Torre Gálata, construida por los genoveses, que con sus 60 metros fue en su día la construcción más alta de la ciudad.

Dice Orhan Pamuk que hay pocas maneras tan relajantes de descubrir los dominios de la que fuera capital de tres imperios como un paseo por el Bósforo. Los numerosos ferrys que zarpan de Eminönü o Kabataş permiten disfrutar de un relajante crucero contemplando las maravillas que van surgiendo en ambas orillas: el palacio Dolmabahçe, la fortaleza de Europa o el barrio de Yeniköy. Ya de regreso, al atardecer, el sol poniente ilumina de tonos dorados las cúpulas de las mezquitas.

Iglesia de San Antonio de Padua
Iglesia de San Antonio · © Javier García Blanco
Panorámica de Estambul
Estambul desde el Bósforo · © Javier García Blanco
Izquierda: Iglesia de San Antonio de Padua, en Beyoğlu  ·  Derecha: Panorámica de Estambul  ·  © Javier García Blanco
Torre Gálata
La Torre Gálata, construida por los genoveses en el siglo XIV  ·  © Javier García Blanco
Bósforo, Estambul
El Bósforo al atardecer — el estrecho que une y separa Europa y Asia  ·  © Javier García Blanco
Anatolia central

Mágica
Capadocia

Todo intento de describir con palabras la atmósfera de misterio que envuelve Capadocia está destinado al fracaso; incluso las fotografías, más capacitadas para captar la realidad, flaquean ante la tarea de transmitir el embrujo de esta región de Anatolia central. Lo resumió bien el viajero francés Paul Lucas en el siglo XVIII, al calificar Capadocia como «la cosa más maravillosa que se puede ver en el mundo».

Si hoy podemos maravillarnos con sus paisajes oníricos y surrealistas se lo debemos a la actividad geológica de la Tierra: hace millones de años, varios volcanes derramaron aquí toneladas de ceniza y lava, cubriendo la zona de toba volcánica —una roca porosa y ligera— fácilmente erosionable por el agua y el viento. Como resultado, Capadocia está sembrada de parajes insólitos y de apariencia extraterrestre.

Uçhisar, Capadocia
El castillo-promontorio de Uçhisar, vigía de la llanura capadocia  ·  © Javier García Blanco

Uno de estos lugares es Uçhisar, un pueblo cuyas casas se acurrucan en las laderas que ascienden hasta un sorprendente castillo. La insólita fortaleza es en realidad un promontorio rocoso natural compuesto de toba volcánica, al que la erosión y la mano del hombre han terminado por dar un aspecto de fantasía. Ya los hititas emplearon esta estructura natural para excavar recovecos y cuevas en los que refugiarse ante posibles ataques.

A sólo 4 kilómetros de allí, el visitante encuentra otro rincón no menos singular: el Museo al Aire Libre de Göreme. En este enclave, Patrimonio de la Humanidad, se estableció en el siglo IV una pequeña comunidad de monjes cristianos seguidores de san Basilio el Grande, que aprovecharon la debilidad de la roca para tallar en sus montañas cónicas varias iglesias y capillas trogloditas. Entre todas ellas destacan la Karanlik Kilise (Iglesia Oscura) y la Tokali Kilise (Iglesia de la Hebilla), ambas decoradas con pinturas murales de colores vibrantes.

Göreme, Capadocia
El Museo al Aire Libre de Göreme, Patrimonio de la Humanidad  ·  © Javier García Blanco
Iglesias de Göreme
Iglesias trogloditas · © Javier García Blanco
Pinturas murales de Göreme
Frescos del siglo XI · © Javier García Blanco
Izquierda: Capillas excavadas en la roca  ·  Derecha: Frescos del siglo XI, de extraordinaria viveza cromática  ·  © Javier García Blanco

«La cosa más maravillosa que se puede ver en el mundo»

— Paul Lucas, viajero francés, siglo XVIII, sobre Capadocia

Igual de sorprendente resulta la estampa que descubre el viajero al pasear por los parajes del Valle de Paşabağı, uno de los rincones con mayor concentración de «chimeneas de hadas», otra muestra singular de la geología fantástica de la región. Sus formas resultan especialmente asombrosas con las primeras luces del día, especialmente si se descubren desde las alturas, a bordo de uno de los cientos de globos que inundan cada día el firmamento —si el viento lo permite— al amanecer. Otra estampa surrealista que ya es, sin duda, sinónimo de la mágica Capadocia.

Chimeneas de hadas, Paşabağı
Las «chimeneas de hadas» del Valle de Paşabağı  ·  © Javier García Blanco
Kaymakli exterior
Kaymakli · © Javier García Blanco
Ciudad subterránea de Kaymakli
Ciudad subterránea · © Javier García Blanco
Göreme al amanecer
Göreme · © Javier García Blanco
Uçhisar al atardecer
Uçhisar · © Javier García Blanco
La ciudad subterránea de Kaymakli, excavada a ocho plantas de profundidad, fue hogar de miles de personas durante siglos  ·  © Javier García Blanco
Información práctica

Todo lo que necesitas saber antes de viajar

Cómo llegar

Vuelos directos desde las principales ciudades españolas al Aeropuerto de Estambul (IST). Para Capadocia, conexión interna a Kayseri (ASR) o Nevşehir (NAV), o autobús nocturno desde Estambul.

Cuándo ir

La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) ofrecen las temperaturas más agradables en ambos destinos. Los vuelos en globo en Capadocia son más fiables fuera del invierno.

Para saber más

Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía. goturkey.com — Información actualizada sobre visados, transporte y alojamiento en todo el país.