Del fracaso brasileño a un imperio sostenible en Buenos Aires
De quinta generación vasca y criado en un hogar atravesado por la docencia, la ciencia y el paisajismo, no heredó una tradición empresarial: su aprendizaje fue el de la prueba y el error.
En una Argentina acostumbrada a las crisis cíclicas, la figura de Gerardo Azcuy emerge como la de un arquitecto y desarrollador hecho a sí mismo.
En 1995 construyó su primer edificio sin obtener beneficios y poco después emprendió una aventura en Brasil que terminaría en fracaso financiero. Aquella caída marcaría su carácter: «Somos mortales y podemos fallar», diría más tarde. A su regreso a Argentina en 1998 encontró en el barrio de Caballito el lugar donde reconstruirse. Allí asentó las bases de una empresa que, con el tiempo, llevaría su propio apellido como garantía: una decisión que habla tanto de ambición como de responsabilidad en un sector donde los clientes invierten los ahorros de toda una vida.
Caballito es el epicentro de sus desarrollos y el laboratorio de una arquitectura que busca reconciliar ciudad y naturaleza. En la serie Donna, su línea más ambiciosa, los edificios incorporan balcones ajardinados, sistemas de eficiencia energética, reutilización de aguas pluviales y materiales nobles como la madera. La pandemia no hizo más que reforzar este enfoque: la sostenibilidad dejó de ser un valor añadido para convertirse en un pilar central.
Hoy dirige una estructura poco habitual en el mercado inmobiliario que integra estudio de arquitectura, desarrolladora y constructora. Su obra, sin embargo, no se explica solo en cifras —más de 200.000 metros cuadrados construidos—, sino en una filosofía que vincula diseño, negocio y ética. «El buen diseño es un buen negocio», sostiene, y esa máxima se traduce en una obsesión inspirada en la disciplina japonesa del perfeccionamiento diario.
La trayectoria de Gerardo Azcuy, marcada por el tropiezo inicial en Brasil y el posterior éxito en Buenos Aires, ilustra una constante: en contextos inestables, la resiliencia no es solo una virtud, sino una condición de supervivencia.
«Somos mortales y podemos fallar»
— Gerardo Azcuy · Arquitecto y desarrollador
Sus orígenes son vascos, de quinta generación. ¿De qué zona concreta del País Vasco proceden?
Mi padre, mi abuelo y el padre de mi abuelo eran argentinos. De ahí para arriba no hay más referencias que la de un vasco que apareció en Cuba. Cómo se llegó hasta Argentina no se sabe.
Por la Y griega del apellido se podría pensar que eran del País Vasco francés.
Entonces, en relación con sus orígenes vascos, ¿no dispone de referencias más específicas?
La cabeza dura tengo.
¿Su madre era también vasca?
Por parte de mamá hay una raíz italiana más visible que la vasca. Mi abuela no, pero los padres de mi abuela eran ambos italianos. Y por parte de mi abuelo también italianos. Así que esas raíces son más cercanas y, en definitiva, si bien no es mi apellido, para mí es mucho más familiar.
¿Estuvo por esas tierras?
Estuve, sí, en San Sebastián y Bilbao. Bilbao es maravilloso. El museo Guggenheim ha puesto a la ciudad en la escena mundial con esa obra de arquitectura. Es realmente algo muy impactante cómo una obra de arquitectura puede poner una ciudad arriba de la mesa. Fui especialmente para verla.
La obra es descomunal. La verdad es que es única, singular. Muy impresionante.
La bodega Marqués de Riscal, en La Rioja, reconocida como Mejor Viñedo del Mundo en los World's Best Vineyards 2024, ¿podría considerarse un caso comparable?
No la conozco. Sí, está en La Rioja. No fui. Bueno, también tiene edificios en Nueva York... en todo el mundo. Toda la arquitectura de Frank Gehry no me parece tan genial, tiene mejores y peores cosas.
¿Cómo le influyó el tener un padre paleontólogo y una madre paisajista?
Bueno, mamá había estudiado la carrera de agronomía, pero lo que realmente le gustaba no era tanto el trabajo de campo ni la producción, sino todo lo relacionado con los parques y jardines, es decir, con el ámbito más vinculado a la vida residencial. Por eso se quedó durante muchos años como docente en la cátedra de parques y jardines y luego se dedicó al trabajo de paisajista. Mis primeros trabajos fueron ayudándola.
Mis padres son, en definitiva, ambos naturalistas y aficionados a la vegetación. La paleontología es una rama de la geología que estudia los seres orgánicos desaparecidos, incluidos los fósiles de plantas. Así que uno se ocupaba de lo prehistórico y el otro de lo contemporáneo, pero los dos miraban, en el fondo, las mismas cosas.
¿Se puede afirmar que esto influyó en su decisión de incorporar la naturaleza en su trabajo?
Absolutamente.
Utiliza maderas macizas en dormitorios y balcones de proveedores responsables con el medio ambiente. Recolección de aguas de lluvia para vegetación, climatización inverter, energía solar...
Para mí no hay nada mejor que los materiales en su forma natural, ya sea la madera, la piedra o el mármol. El hormigón visto y estos materiales me parecen la manera más noble de mostrarlos.
Las maderas blandas son fáciles de reforestar y de producir; las duras llevan mucho más tiempo. El lapacho, el vilaró y el incienso son maderas que están casi al borde de la extinción. Por eso, su uso está regulado para evitar talas indiscriminadas de los bosques nativos y garantizar que se realicen con determinados cuidados, de modo que puedan repoblarse.
Nadie se va a dedicar a hacer una plantación de lapacho y esperar 40 años. Pero eso no significa que esos bosques no deban utilizarse, sino que deben aprovecharse con criterios que eviten su exterminio. Todo esto está estrictamente regulado y me parece razonable.
¿De dónde provienen esas maderas?
Del norte argentino, Paraguay, Bolivia y Brasil. Aunque Brasil tiene un clima más húmedo y estas maderas duras no son tan fáciles de encontrar allí.
En relación con la sostenibilidad y la responsabilidad social empresarial, ¿existe en Argentina alguna regulación sobre el compromiso de las empresas con el medio ambiente?
La verdad, no hay demasiado. Nosotros hemos tratado de tener una determinada política como empresa. En el proyecto de los edificios, a través de sistemas de aire acondicionado de bajo consumo, cristales reflexivos de baja emisividad, vegetación en fachada, cubiertas verdes y paneles solares, todos los sistemas que tratamos de usar tienden a tener como eje el ahorro energético, la calidad de vida y el bienestar. Incluso, por fuera de los edificios, hemos plantado árboles en las principales avenidas.
Nadie te aplaude por eso. Nadie se involucra demasiado. Es algo que hacemos, digamos, espontáneamente.
En Argentina hay una gran polémica respecto a la aprobación de la llamada Ley de Glaciares, que protege las reservas estratégicas de agua dulce; su reforma genera debate entre la conservación ambiental y el desarrollo económico que produciría la minería y la extracción de litio, cobre y oro.
La desconozco.
¿Conoce el proyecto de Donald Trump para la reconstrucción de Gaza?
No.
«El buen diseño es un buen negocio»
— Gerardo Azcuy
La estructura empresarial de Gerardo Azcuy integra bajo un mismo techo el estudio de arquitectura, la desarrolladora y la constructora, con más de 200.000 metros cuadrados construidos en Buenos Aires desde 1992. Su serie Donna —con edificios como Fiore, Terra, Settima y Zaffira— ha redefinido el estándar de la arquitectura residencial sostenible en Caballito, incorporando balcones ajardinados, materiales nobles, paneles solares y sistemas de reutilización de aguas pluviales.
La Fundación Azcuy apoya la cultura, el medio ambiente y la ayuda social. Cuando hablamos de esto último, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿Existe algún proyecto que beneficie directamente a la sociedad o a los sectores más desfavorecidos?
La alianza con el Museo de Arte Moderno es colaborativa con la comunidad artística. Lo que pretendemos hacer es acercar nuestra comunidad de compradores con la artística a través del Premio Azcuy. Eso es una ayuda social enorme, aparte de ser un proyecto cultural.
Hemos hecho distintos programas; lo del arbolado en la ciudad impulsa a la sociedad a vivir mejor. Una avenida que estaba despoblada de árboles, sin duda, es una mejora en el bienestar de las personas que caminan, que viven en esas avenidas o que las atraviesan cuando van a trabajar o lo que fuera.
Hemos hecho también algunas actividades con deportistas.
La empresa tiene 200 empleados en las oficinas y 500 trabajadores en las obras. ¿Son empleados fijos?
Obviamente.
Me han comentado que en la calle Directorio había un espacio destinado al disfrute de los trabajadores, donde se practicaba yoga, entre otras actividades. ¿Es correcto?
Teníamos ese proyecto en las clases que damos a los colaboradores pero finalmente no se implementó. Clases de tenis, etc., en fin, distintas cosas que se nos va ocurriendo. Tratamos de estar siempre atentos a mejorar y a brindar las mejores condiciones posibles de trabajo, de entretenimiento o de esparcimiento.
Son distintos proyectos que están todos alineados en el mismo sentido...
Son distintos proyectos que están todos alineados en el mismo sentido. Y también la ayuda social empieza por casa. Tratamos de pagar bien, pagar de forma puntual, dar las herramientas de trabajo, dar de comer a los obreros y a los empleados de la oficina en el lugar de trabajo, con comida de calidad. Tratamos de ser muy, muy, muy rigurosos con todo lo que son nuestras obligaciones como empleadores. Y con nuestros compradores siempre hemos tratado de entregar más de lo que ellos esperan en cada edificio, en cada obra, y eso genera una retroalimentación comercial como empresarios, pero, aparte, contribuye en gran medida al bienestar de esas personas que van a encontrarse viviendo en un ambiente mejor de lo que creían que iban a tener.
He visto que ha viajado mucho y que se ha inspirado en la arquitectura de diversas ciudades y países. En la actualidad, ¿qué lugar considera un referente en arquitectura?
Sin duda Singapur. Es una ciudad muy joven, maravillosa, que hizo una conversión brutal en los últimos 30 años y es algo que sobresale por completo de cualquier otra ciudad del planeta.
¿Y los Emiratos Árabes, Dubai?
No, Dubai es muy impresionante en otros sentidos. Tiene el edificio más alto, tiene la isla artificial. Tiene otras cosas, pero es despersonalizada ¿no? Nada que ver con Singapur, los museos, el Museo de Ciencias Naturales, el aeropuerto...
Dubai viene de una cultura beduina, de familias nómadas. Casi sin población, casi sin cultura, casi sin grandes costumbres. De hecho, fui a Dubai, a la excursión al desierto y le pregunté al que manejaba la camioneta, que era emiratí, si íbamos a comer la comida típica y me dijo que sí: raíces.
En cambio en Singapur hay templos chinos, hindúes... entonces se siente absolutamente esa diferencia con Dubai que es como un escenario más artificial. Es como una escenografía.
¿Qué lugares recomendaría, más allá de los tópicos turísticos, a una persona que no conoce Buenos Aires y la visita por primera vez?
Que agarre la Avenida del Libertador completita. No creo que demasiados países tengan una avenida como esa. Es algo estupendo.
¿Cómo percibe la situación del planeta en general y de Argentina en particular en este contexto tan convulso e incierto?
Para ser desarrollador urbano, y yo soy un arquitecto desarrollador, se tiene que ser ante todo optimista. Si no, te tienes que dedicar a otra cosa. Y cuando uno es optimista, es optimista en todo, no solo en la profesión o en la empresa. Yo el mundo lo veo fenomenal. Entonces me vas a preguntar, bueno, pero hay guerras, siempre las hubo. Pero además había enfermos, no había aviones, no había autos, no había remedios, no había agua potable. No había un montón de cosas que ahora hay. No había vacunas. Yo lo veo muy bien, el mundo. Y el caos, bueno, somos seres humanos ¿no? Así que no me gusta tampoco quejarme de lo que somos.
He escuchado conversaciones muy complejas, gente quejándose porque los españoles que vinieron estaban construyendo arriba del humedal. Si somos una civilización, no podemos ir a vivir a la Luna. Tenemos que vivir en el planeta Tierra y aparte hemos corrido otras especies y hemos matado bosques para asentarnos. Entonces yo estoy absolutamente en contra de todo ese discurso de pesimismo y de quejas catastrofistas porque me parece que es muy inconsistente. Así que yo soy muy optimista en todo sentido. Y creo que cada uno tiene que enfocarse en lo que puede respecto a las responsabilidades, de lo que se hace cargo y lo que hace por los demás, Y eso es un montón. Y el que no puede, bueno, no puede. Y el que puede, le toca. Y yo creo en esa manera. Estoy muy tranquilo.
¿No atraviesa el mundo un momento crítico?
Yo no creo que esté en un momento crítico, creo que está en un momento espectacular.
Debe ser una de las pocas personas que puede decirlo así, tan rotundamente.
Es espectacular el momento del mundo. Apareció la inteligencia artificial. Cualquier cosa que queremos saber agarramos el teléfono, le preguntamos y nos contesta con detalle. Es bárbaro. ¿O era mejor cuando no había teléfono, no había Internet, no había medios de comunicación y no había justicia? Estabas a merced de que venga uno... siempre en el mundo fue la ley del más fuerte. Vivías en un lugar agradable, con tierra fértil, tenías tu casa, tu familia y tus animales y venía uno más fuerte te mataba y se quedaba con todo. ¿O no funcionó así el planeta? ¿No fue así el planeta durante...
¿Cree que eso da derecho a hacerlo?
No, no es que se tenga derecho, es cómo funcionó durante toda la historia de la humanidad. Yo no soy quién para juzgar si está bien o está mal. Es así.
Yo pienso en cuál es mi realidad y cuál es mi compromiso con los demás. Trato de hacer las cosas bien, tengo un montón de responsabilidades, hay muchas personas que no quieren asumir ninguna y yo tengo un montón. Trato de ayudar a quienes me ayudan, a quienes trabajan dentro de mi organización, trato de darle lo máximo que puedo a las personas que confían en mí y estoy muy contento como para ponerme a pensar en la humanidad. Soy un microbio respecto de la humanidad. Entonces son responsabilidades que no me caben. Muchos hablan de la humanidad y no asumen ninguna responsabilidad. Eso me da mucha risa. Parece muy hipócrita. Puedo estar equivocadísimo.
Es un punto de vista.
Es el mío. No soy quien para juzgar a nadie.
De acuerdo, le voy a hacer unas fotos.
Vale, con mucho gusto. Avanti.
«Para ser desarrollador urbano se tiene que ser ante todo optimista. Si no, te tienes que dedicar a otra cosa»
— Gerardo Azcuy