Reportaje Especial · Península de Samaná

Samaná El edén salvaje del Caribe

Ajena a las aglomeraciones de otros rincones del país, esta península repleta de enclaves paradisiacos apuesta por el turismo sostenible sin renunciar a la belleza incomparable de sus playas caribeñas.

Texto y fotografías · Javier García Blanco  ·  Wanderer Magazine
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Cuando Cristóbal Colón llegó a esta recóndita península en el extremo nororiental de República Dominicana, la describió como «el rincón más hermoso sobre la faz de la Tierra». No exageraba el almirante.

La sola mención de su nombre evoca imágenes de un lugar exótico y paradisiaco, y, ciertamente, el enclave está a la altura de las expectativas. Pero, más allá de su innegable belleza, tapizada de increíbles playas y aguas de color turquesa, este edén destaca sobre todo por su riqueza natural y su biodiversidad, conformando un enclave singular que deja atrás al turismo convencional de sol y playa que se ofrece en Punta Cana y otros rincones de la antigua isla de La Española.

Para llegar hasta este paraíso después de volar a Santo Domingo hay que añadir un recorrido de tres horas en coche, pero el esfuerzo merece la pena. Ya en la capital de la provincia, Santa Bárbara, quedan pocas dudas de que estamos en el Caribe. A la increíble visión de su hermosa bahía, se suma la estampa pintoresca de multitud de casitas de colores en el paseo marítimo, donde los vecinos suelen jugar al dominó mientras charlan animadamente.

Hoy casi todo son construcciones modernas, pero aún quedan vestigios de otros tiempos, como la Churcha, una iglesia protestante levantada en madera por misioneros ingleses. Y es que este rincón de la península es un hervidero multirracial y multicultural: hay descendientes de esclavos españoles, franceses, cocolos —antiguos esclavos antillanos— y también de Estados Unidos, que arribaron aquí en busca de unos derechos que les negaban en el país de las barras y estrellas.

Bahía de Santa Bárbara de Samaná
Bahía de Santa Bárbara de Samaná  ·  © Javier García Blanco
Paseo marítimo de Santa Bárbara de Samaná
Paseo marítimo de Santa Bárbara · © Javier García Blanco
La Churcha, iglesia protestante de Samaná
La Churcha, iglesia protestante · © Javier García Blanco
Izquierda: Paseo marítimo de Santa Bárbara   ·   Derecha: La Churcha, iglesia protestante levantada por misioneros ingleses  ·  © Javier García Blanco

«El rincón más hermoso sobre la faz de la Tierra»

— Cristóbal Colón, al arribar a la península de Samaná
De enero a abril

Santuario
natural

La condición de refugio natural de Samaná resulta patente en una de las actividades estrella de este edén repleto de sorpresas. Cada año, de enero a abril, la bahía de Samaná se convierte en santuario para miles de ballenas jorobadas —yubartas— que acuden desde el Atlántico Norte para aparearse y dar a luz en sus cálidas aguas. La presencia de estos gigantescos cetáceos se convierte en un espectáculo que es posible disfrutar gracias a las excursiones que parten diariamente en embarcaciones que surcan las aguas de la bahía.

No lejos de allí se encuentra otro hito de este rincón caribeño: Cayo Levantado o isla Bacardí, como se bautizó después de rodarse allí un anuncio de la célebre marca de ron. Antaño tierra de piratas y corsarios —dio refugio al capitán Joseph Bannister en el siglo XVII—, hoy este islote edénico, de apenas un kilómetro cuadrado, alberga uno de los hoteles más lujosos y exclusivos del país, pero también una de las playas más populares de la península, de arena blanquísima y aguas de color incomparable.

Ballenas jorobadas en la bahía de Samaná
Ballenas jorobadas · © Javier García Blanco
Cayo Levantado, isla Bacardí
Cayo Levantado, isla Bacardí · © Javier García Blanco
Izquierda: Ballenas jorobadas, visitantes anuales de la bahía   ·   Derecha: Cayo Levantado, la isla Bacardí  ·  © Javier García Blanco
600 km² del Parque Nacional de los Haitises
3 km de arenales vírgenes en Playa Rincón
Ene–Abr Temporada de avistamiento de ballenas
1 km² de superficie de Cayo Levantado
Al sur de la bahía

El Parque Nacional
de los Haitises

En la parte sur de la bahía aguarda otro tesoro natural de visita imprescindible: el Parque Nacional de los Haitises, unos 600 km cuadrados de territorio formado por manglares, cerros selváticos, ríos y cuevas. Algunas de estas grutas conservan pinturas dejadas hace cientos de años por los indios taínos, pero no son el único tesoro por descubrir: también se pueden contemplar en su hábitat natural multitud de aves marinas, tortugas e incluso boas.

¿Más maravillas? La lista es interminable, pero ahí va una última recomendación: una excursión al salto El Limón, una espectacular cascada a la que se accede a pie o a caballo, y en cuya piscina natural es posible darse un apacible baño en un entorno de increíble belleza. Una experiencia perfecta para cerrar este viaje al rincón más salvaje y sugerente del Caribe dominicano.

Paisaje de la península de Samaná
Península de Samaná  ·  © Javier García Blanco

«Un destino que, ajeno a las grandes corrientes turísticas, ha sabido conservar intacta su esencia: la de un paraíso que todavía se descubre»

— Javier García Blanco  ·  Wanderer Magazine
Playa Rincón, Las Galeras
Playa Rincón, Las Galeras  ·  © Javier García Blanco
Playa Rincón
Playa Rincón · © Javier García Blanco
Cayo Levantado desde el aire
Cayo Levantado desde el aire · © Javier García Blanco
Izquierda: Playa Rincón, en Las Galeras   ·   Derecha: Cayo Levantado  ·  © Javier García Blanco
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Playa Rincón, en Las Galeras

Más de 3 km de arenales vírgenes donde además de disfrutar de un entorno natural intacto se puede hacer una divertida excursión en buggies para descubrir las tradicionales plantaciones de fruta y café de la zona. Una de las playas más salvajes y hermosas de todo el Caribe dominicano.