Reportaje Especial · Estado de Hidalgo

El secreto
mejor guardado
de México

Desde los atlantes de Tula hasta los prismas basálticos de Huasca, el estado de Hidalgo despliega una ruta de maravillas históricas y naturales que aguardan más allá del ruido de la capital.

Texto y fotografías · Javier García Blanco  ·  Wanderer Magazine
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Desde los vestigios de la antigua Tollan-Xicocotitlan hasta la vibrante capital de Pachuca, el estado mexicano de Hidalgo, auténtica encrucijada de caminos para toltecas, chichimecas, otomíes y mexicas, revela un mosaico de maravillas que invitan al viajero a descubrir sus secretos.

Faltan apenas veinte minutos para que el sol se despida de Tula, y el atardecer derrama su luz dorada sobre las imponentes figuras de basalto conocidas como «los atlantes». En lo alto de la Pirámide B, una decena de personas admira estos cuatro guardianes gigantes, testigos silenciosos de una civilización perdida.

De pronto, como si el universo conspirara para añadir un toque de magia a la escena, un pequeño enjambre de mariposas monarca revolotea en torno a los atlantes y los ensimismados turistas. Una de estas diminutas viajeras, que cada otoño recorren miles de kilómetros desde las frías tierras de Canadá para refugiarse en el calor de México, se posa delicadamente sobre una de las estatuas. Un instante fugaz y en apariencia anecdótico, pero que encierra un profundo simbolismo: la migración de la mariposa, símbolo de transformación y renacimiento, encontrando refugio entre los guardianes de una civilización que también emprendió un largo viaje hacia la eternidad.

Visitantes junto a los Atlantes de Tula
Visitantes junto a los Atlantes de Tula  ·  © Javier García Blanco

Lo que contemplamos no es sino un reflejo válido pero poderoso de lo que alguna vez fue Tollan-Xicocotitlan, la antigua capital de los toltecas. Además de la majestuosa Pirámide B y sus inquietantes atlantes, Tula conserva otros restos de su pasado esplendor, como el Palacio Quemado, el Coatepantli —el llamado Muro de las Serpientes— y la Pirámide C.

Este recorrido por la antigua capital tolteca, a la que a menudo se compara con Chichén Itzá, es solo un aperitivo de lo que espera al viajero en el estado de Hidalgo, una auténtica joya casi desconocida, en la que se combinan a la perfección historia, cultura y naturaleza.

Uno de los atlantes de Tula
Uno de los atlantes de Tula · © Javier García Blanco
Pirámide C en Tula
Pirámide C · © Javier García Blanco
9 Pueblos Mágicos
2h Desde Ciudad de México
2015 Acueducto Patrimonio Mundial
1M+ Imágenes en la Fototeca Nacional
Capítulo I

Paseo por
La Bella Airosa

Pachuca de Soto, la capital del estado, es conocida como «La Bella Airosa» debido a sus vientos frecuentes. Su casco histórico es una mezcla encantadora de calles adoquinadas, pequeños edificios y recintos con resabios de época colonial. Fundada a mediados del siglo XV por un grupo mexica, su mayor desarrollo se produjo tras la llegada de los conquistadores españoles, que encontraron en sus entrañas una de las más ricas venas de plata del continente americano.

Del esplendor minero de aquella época quedan vestigios notables como las antiguas Cajas Reales, donde los dueños de las minas pagaban sus impuestos a las autoridades del virreinato. También sigue en pie el exconvento de San Francisco, un edificio cuya construcción se inició en 1596, y que hoy muestra una estampa de estilo barroco con algunos elementos churriguerescos y neoclásicos.

En el centro de la plaza de la Independencia, auténtico corazón de Pachuca, se alza el Reloj Monumental, un imponente edificio neoclásico de 40 metros de altura inaugurado en 1910 para conmemorar el centenario de la independencia de México. Su torre, cuyas caras están orientadas a los cuatro puntos cardinales, es uno de los símbolos de la ciudad, y el mecanismo que ocupa sus entrañas fue diseñado en la fábrica de Edward John Dent, la misma que creó el reloj del Big Ben londinense.

«El Reloj Monumental de Pachuca es un centinela que recuerda la Independencia de México, diseñado por la misma fábrica que creó el Big Ben londinense»

— Ruta por Hidalgo · Wanderer

Cuando las autoridades españolas se retiraron tras la Independencia, las vetas de plata pasaron a manos inglesas. En la primera mitad del siglo XIX llegó a Hidalgo un nutrido contingente de mineros de Cornualles que dejaron una huella imborrable en la región, hasta el punto de que los pastes —derivado del inglés cornish pasty— siguen siendo hoy uno de los platos más típicos del estado.

La presencia británica fue también notable en Real del Monte, también conocida como la pequeña Cornualles. Este pintoresco rincón hidalguense, uno de los nueve Pueblos Mágicos del estado, ofrece a los visitantes un fascinante viaje al pasado. Hoy pueden explorarse algunas de sus antiguas minas, como La Dificultad, y admirar el notable patrimonio religioso que representan capillas como las del Señor de Zelontla o la de la Santa Veracruz, así como la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, una joya del siglo XVII.

También quedan otros vestigios que delatan la presencia británica en la región: el Panteón inglés, un cementerio salpicado de lápidas con apellidos de Cornualles, cuya historia custodia con cariño Carmen Hernández Skews, descendiente de una de aquellas familias y actual guía del camposanto realmontense.

Mineral del Monte, Hidalgo
Mineral del Monte, la pequeña Cornualles mexicana  ·  © Javier García Blanco
Panteón inglés de Mineral del Monte
Panteón inglés · © Javier García Blanco
Huichapan, Hidalgo
Huichapan · © Javier García Blanco
Izquierda: Panteón inglés de Real del Monte   ·   Derecha: Cruz de Huichapan
Capítulo II

Un acueducto
colosal

También cerca de Pachuca, a apenas 25 kilómetros, encontramos Zempoala, una ciudad de raíces toltecas, otomíes y chichimecas, tal y como refleja el Códice Xólotl (siglo XIII). La plaza principal de la localidad se creó en 1557, y en ella destaca una peculiar pieza conocida como rollo o picota, erigida por orden del corregidor Juan de Pineda.

Este singular monumento, compuesto por cuatro figuras zoomorfas emplumadas que sostienen un fuste coronado por un capitel con cuatro leones, de cuyas cabezas pendían otras tantas argollas metálicas, despliega una estampa de misteriosa belleza, pues a día de hoy aún se discute si fue simplemente una marca que señalaba los límites del territorio, o si sirvió como lugar de castigo para malhechores.

Fue en Zempoala donde el fraile franciscano Fray Francisco de Tembleque, concurriendo con la fundación de la ciudad, emprendió la construcción de una colosal obra de ingeniería hidráulica. Este gigantesco acueducto, que hoy lleva su nombre, permitió suministrar agua a diversas localidades aledañas, como Otumba.

Acueducto del Padre Tembleque
Acueducto del Padre Tembleque
Plaza de Zempoala
Plaza principal de Zempoala
Exconvento de Todos los Santos en Zempoala
Exconvento de Todos los Santos
De izquierda a derecha: Acueducto del Padre Tembleque · Plaza principal · Exconvento de Todos los Santos  ·  © Javier García Blanco

Con una longitud superior a los 48 kilómetros y unas arcadas que alcanzan más de 39 metros de altura, este prodigio de la arquitectura colonial fue durante décadas la estructura de su tipo más elevada en el mundo. En 2015, tras años de arduo trabajo y esfuerzos de diversos especialistas —entre ellos el arquitecto español Antonio Mateo Linaza—, el acueducto del Padre Tembleque fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

«Con 48 kilómetros de longitud y arcadas de casi 40 metros de altura, el acueducto del Padre Tembleque fue durante décadas la estructura de su tipo más elevada del mundo»

— Patrimonio de la Humanidad UNESCO, 2015
Capítulo III

Huasca,
el lugar de la alegría

Se encuentra a solo 34 km de Pachuca, pero el paisaje de Huasca de Ocampo, pintado con frondosos bosques de oyamel, es muy distinto al de la capital del estado. El lugar ya era un vergel en tiempos de los pueblos prehispánicos, como atestigua su topónimo en náhuatl: Huaxtla, que puede traducirse aproximadamente como «lugar de la alegría».

La gran protagonista de este rincón son las Barrancas de Metztitlán, hogar de un espectáculo geológico irrepetible: los Prismas Basálticos. Estas formaciones de roca volcánica hexagonal, que en algunos puntos alcanzan los 40 metros de altura, se formaron hace millones de años cuando la lava de un volcán se enfrió lentamente en contacto con el agua.

Prismas basálticos de Huasca de Ocampo
Prismas Basálticos de Huasca de Ocampo  ·  © Javier García Blanco

Más allá de los espectaculares prismas, Huasca de Ocampo, el primer Pueblo Mágico declarado en México, custodia otras sorpresas. Entre ellas destacan las antiguas haciendas dedicadas a la explotación de la plata, todas propiedad de don Pedro Romero de Terreros, conde de Regla.

Una de las más singulares es la hacienda de Santa María Regla, que también fue residencia del conde y se construyó entre 1760 y 1762. Hoy esta finca se ha transformado en un impresionante hotel y en escenario de numerosas películas, como La máscara del Zorro, protagonizada por Catherine Zeta-Jones y Antonio Banderas. Entre sus dependencias sobresalen la capilla de Nuestra Señora de Loreto, varios jardines y una presa artificial.

A dos horas en coche al oeste de Pachuca, y a más de 2.000 metros de altitud, se extiende la localidad de Huichapan, célebre por su notable patrimonio virreinal y sus tradiciones indígenas aún vivas.

Hacienda de Santa María Regla
Hacienda de Santa María Regla · © Javier García Blanco
El Chapitel de Huichapan
El Chapitel de Huichapan · © Javier García Blanco
Izquierda: Hacienda de Santa María Regla   ·   Derecha: El Chapitel, Huichapan  ·  © Javier García Blanco
Orientación geográfica

La ruta por Hidalgo

1
Tula de AllendeZona arqueológica tolteca
2
Pachuca / Real del MonteCapital y herencia minera
3
ZempoalaAcueducto del Padre Tembleque
4
Huasca de OcampoPrismas Basálticos · Pueblo Mágico
5
HuichapanPatrimonio virreinal a 2.000 m
6
ActopanCuna de la barbacoa
Capítulo IV

Esplendor
virreinal

Y ya que hablamos de gastronomía, de vuelta a los alrededores de Pachuca, en el Valle del Mezquital, espera la localidad de Actopan, cuna de la barbacoa y del ximbó, otro sabroso plato típico del estado. En sus orígenes, Actopan fue un asentamiento otomí, aunque más tarde pasaron por allí chichimecas, tepanecas y mexicas, antes de la llegada de los españoles.

Estos fundaron la ciudad actual en 1546, y, como en el resto del territorio, no tardaron en levantar edificios religiosos de envergadura. El exconvento agustino de San Nicolás Tolentino, construido entre 1546 y 1574, es uno de los mejor conservados de toda la Nueva España. Sus muros albergan frescos de temática religiosa que constituyen uno de los conjuntos pictóricos más sobresalientes del período colonial mexicano.

Calles de Actopan, Hidalgo
Calles de Actopan · © Javier García Blanco
Mercado de Huichapan
Mercado de Huichapan · © Javier García Blanco
Izquierda: Calles de Actopan   ·   Derecha: Cocinero en el mercado de Huichapan  ·  © Javier García Blanco

En el mercado local de Huichapan es posible degustar platillos populares como las carnitas o los chicharrones, acompañados del omnipresente pulque o del carnavalito, una bebida alcohólica dulce a base de tequila blanco, zumo de naranja y jarabe de piloncillo. Un recorrido por estos mercados es, en sí mismo, un viaje sensorial por la identidad más profunda del estado.

Capítulo V

La Fototeca Nacional:
el corazón visual de México

El viaje no estaría completo sin una visita al exconvento de San Francisco de Pachuca, cuyas naves albergan la Fototeca Nacional. Este recinto, gestionado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), resguarda más de un millón de imágenes que narran la historia visual de México desde el siglo XIX hasta la actualidad.

La colección es un viaje fascinante por la memoria del país: retratos de estudio, paisajes urbanos y rurales, escenas cotidianas, episodios históricos y manifestaciones culturales capturados por los ojos de fotógrafos célebres como Hugo Brehme, Nacho López, Manuel Álvarez Bravo o Tina Modotti.

De hecho, Tina Modotti, fotógrafa italiana y activista, dejó una huella imborrable en la historia visual de México. Su cámara capturó la esencia de las luchas sociales y la vida cotidiana de las clases trabajadoras en los años 20, con una mirada comprometida y poética. Cercana a Diego Rivera, Frida Kahlo y al movimiento muralista, Modotti encontró en México un espacio para fusionar arte y política, retratando desde campesinos hasta herramientas de trabajo, siempre con una sensibilidad única.

Convento franciscano de Pachuca
Convento franciscano · © Javier García Blanco
Fototeca Nacional de México
Fototeca Nacional de México · © Javier García Blanco
Izquierda: Convento de los Franciscanos, Pachuca   ·   Derecha: Interior de la Fototeca Nacional  ·  © Javier García Blanco
Interior de la Fototeca Nacional

«Hidalgo es esa joya que el viajero todavía puede descubrir antes de que la descubra todo el mundo»

— Javier García Blanco  ·  Wanderer Magazine