Ponteceso: un paraíso natural en la Costa da Morte

Vista de Ponteceso, desde el puente sobre el río Anllóns | © Javier García Blanco

«Es una pena que no hayáis venido durante un temporal». Con esta sorprendente frase nos recibió uno de nuestros anfitriones que, durante tres jornadas, iba a guiarnos por los distintos rincones del término municipal de Ponteceso. Y es que por mucho que pueda extrañar en un primer momento, los temporales que afectan cada invierno a este hermoso enclave de la Costa da Morte, en la provincia de A Coruña, no están exentos de encanto –por su espectacularidad–, e incluso bien podrían venderse como uno de sus atractivos turísticos. Como es fácil imaginar, la imponente manifestación de las fuerzas de la naturaleza –aquí encarnadas por las peligrosas aguas del Atlántico– tiene también su cara oscura y amarga, pues se ha cobrado una larga lista de víctimas entre marinos y percebeiros de la comarca.

Esa dualidad de la mar como proveedora de sustento y, al mismo tiempo, peligrosa parca que reclama vidas a cambio se repite en cualquier zona costera, pero en esta región gallega, escenario habitual de terribles naufragios desde siglos pasados, parece aún más evidente, como se encarga de subrayar su popular nombre.

Cruceiro junto a la casa de Eduardo Pondal, en Ponteceso | © Javier García Blanco

Aunque nosotros no tuvimos la suerte de disfrutar del imponente espectáculo que supone un temporal en esta zona del noroeste de la Península, a cambio gozamos de un tiempo espléndido –mucho más habitual de lo que cabría imaginar en un principio– que nos acompañó durante buena parte de nuestra visita a los numerosos atractivos que ofrece este término municipal, entre los que se incluyen espectaculares paisajes y entretenidas rutas de senderismo para los amantes de la naturaleza, playas tranquilas y paradisiacas, magníficos ejemplos de patrimonio arqueológico y, por supuesto, una sabrosa gastronomía que hace justicia a la merecida fama de la cocina gallega.

TRAS LOS PASOS DE PONDAL

Nosotros decidimos comenzar con algo de ejercicio, y para ello nada mejor que realizar alguna de las rutas de senderismo que recorren los bellos paisajes de la ribera y del litoral de Ponteceso. Actualmente es posible recorrer dos rutas distintas: la del Camiño da Ribeira (Camino de la ribera) o PR-G 148, y la llamada ruta Pondaliana, en honor al poeta Eduardo Pondal, autor de la letra del himno gallego y natural de la comarca. De hecho, ambos recorridos arrancan junto a la casa natal del “bardo de Bergantiños”, cerca del puente que une las dos orillas del río Anllóns.

Camiño da Ribeira, Ponteceso | © Javier García Blanco

Allí se encuentra uno de los monolitos que recuerdan al poeta con alguno de sus versos y en los que su figura guía al caminante, indicando con su mirada la dirección en la que se encuentra el siguiente monolito de la ruta (son catorce en total). Además de estas moles pétreas hay también otros elementos mucho más modernos, y que jalonan también distintos puntos de las rutas de senderismo. Se trata de 30 códigos QR con los que –smartphone mediante–, los caminantes podrán obtener información de interés en cada etapa del camino: por ejemplo, algunos de los versos que Pondal escribió inspirado por los paisajes de la zona.

Camiño da Ribeira | © Javier García Blanco

La primera de las rutas (Camiño da Ribeira) cuenta a su vez con dos variantes. La primera de ellas (la vía principal) une Ponteceso con la localidad de Corme, prolongándose durante 11,3 kilómetros, con una duración aproximada de unas tres horas y cuarenta y cinco minutos. A lo largo de la misma tendremos oportunidad de disfrutar de las vistas del paseo fluvial y el estuario del río Anllóns (declarado Zona de Especial Protección para las Aves, pues cuenta con un observatorio ornitológico, y Lugar de Importancia Comunitaria), o de las dunas de la ensenada de A Insua.

En la hermosa playa de Balarés –durante la Segunda Guerra Mundial se ubicó aquí una mina de titanio que abasteció al ejército nazi– podemos aprovechar para hacer un alto en el camino y reponer fuerzas en el merendero habilitado para los visitantes. El camino continúa siguiendo la ladera del monte de A Facha en dirección al valle de Gondomil, donde se encuentra uno de los restos arqueológicos más singulares de la comarca: la llamada Pedra da Serpe, una roca con un antiquísimo relieve de origen pagano en el que se aprecia una misteriosa serpiente alada, a la que se le añadió muchos siglos después una cruz para cristianizar el enclave, que sigue envuelto en curiosas leyendas.

La ruta del Camiño da Ribeira continua en dirección a Corme, pero antes nos permite disfrutar de otras tres playas: las de A Ermida –con unas magníficas vistas de la isla de A Estrela– Arnela, y O Osmo, muy próximas a Corme-Porto.

La playa de Balarés albergó una mina de titanio que abasteció a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial | © Javier García Blanco
Playa de Balarés | © Javier García Blanco

La variante del Camiño da Ribeira (PR-G 148.1) une la Pedra da Serpe con el alto de Os Loureiros y la cima del Monte Branco. Tiene un recorrido de 5,57 kilómetros y una duración aproximada de dos horas, pero el esfuerzo bien merece la pena para disfrutar de las espectaculares vistas que ofrece el mirador del Monte Branco, desde donde se domina gran parte de la comarca.

La otra ruta, la Pondaliana, parte también de la casa del poeta, y se prolonga por espacio de sólo cuatro kilómetros, por lo que puede recorrerse fácilmente y sin demasiado esfuerzo en apenas hora y media. Cada una de las etapas de este camino ha sido “bautizada” con versos de Pondal y culmina en el Monte Branco que acabamos de mencionar, donde se levanta el último monolito de la ruta.

Vistas desde el mirador del Monte Branco | © Javier García Blanco

Tanto si hemos realizado la ruta del Camiño da Ribeira como si preferimos la comodidad del coche, una fantástica opción para nuestra siguiente etapa es la visita a Corme. Desde allí podemos acercarnos hasta el cabo Roncudo –donde se levanta el faro del mismo nombre–, un escenario perfecto para disfrutar de los paisajes en los que crecen los sabrosos percebes –los que se cogen aquí tienen fama de ser de los mejores de toda Galicia–, “capturados” por los valientes y arriesgados percebeiros, que como no podía ser de otro modo cuentan con un vistoso monumento en la localidad.

El faro Roncudo, al atardecer | © Javier García Blanco

En Corme quedan aún muchas cosas por ver. Los amantes de la historia –y en especial de nuestro glorioso pasado naval– pueden acercarse a conocer la casa natal de Francisco Mourelle de la Rúa, un destacado marino español que brilló como explorador en aguas del Pacífico (a él se debe, entre muchos otros logros, el descubrimiento del archipiélago Vava’u, en Tonga) y como militar frente a ingleses y franceses en las costas del sur de la Península. Además, la localidad colocó hace un par de años un pequeño busto rememorando la vida de este notable cormelán, que poco a poco va siendo mejor conocido fuera de estas tierras, en especial gracias a la labor de vecinos como José Manuel Ferreiro Chans, uno de los mayores especialistas en la figura de Mourelle de la Rúa.

Busto en homenaje a Mourelle de la Rúa | © Javier García Blanco

OTRAS ACTIVIDADES DE INTERÉS

Dependiendo de la época del año en la que hagamos nuestra visita, podemos disfrutar de otras actividades y participar en las distintas fiestas que se celebran en la comarca. En Semana Santa, por ejemplo, podemos complementar las procesiones típicas de esas fechas que tienen lugar en Corme con la asistencia a la Feria del pulpo, que se celebra cada año en Ponteceso. Siguiendo esa misma línea de festividades gastronómicas, hay que marcar en el calendario el primer sábado del mes de junio, fecha en la que tiene lugar en Brántuas la Fiesta del Raxo (una receta típica con carne de cerdo), así como el primer o segundo sábado de julio, cuando se celebra la imperdible Fiesta del Percebe, en este caso en Corme. Ya con la llegada del otoño, con el último sábado de octubre, Ponteceso es la elegida para acoger la Feira das fabas (Feria de las Fabas).

Corme-Porto | © Javier García Blanco

Otra propuesta interesante relacionada con la gastronomía consiste en acompañar a las mariscadoras de la cercana localidad de Cabana de Bergantiños, que faenan en el estuario del río Anllóns. Aunque no es su actividad principal, se puede concertar un encuentro con ellas para acompañarlas mientras trabajan y conocer de primera mano cómo recogen los riquísimos berberechos del Anllóns, bien apreciados dentro y fuera de la región. Una actividad que sin duda disfrutarán los amantes de la fotografía, además de ser una buena oportunidad de apreciar la belleza de los paisajes del estuario desde otro punto de vista.

En lo que respecta a la arqueología y el patrimonio artístico, tanto el término municipal de Ponteceso como otros puntos de la comarca cuentan con varios enclaves que merece la pena visitar, como la iglesia de San Martiño de Cores (cuyo origen se remonta al siglo XIII), la de San Fiz de Anllóns o la del antiguo monasterio de San Vicente da Graña. Mucho más antiguos y relacionados con la época prehistórica son los dólmenes como el de Dombate (IV milenio a.C.), el de Pedra da Arca o el de Pedra Cuberta y, por supuesto, tampoco faltan manifestaciones de la cultura castreña, con ejemplos como los restos del Castro de Bomeiro.

CÓMO LLEGAR:

La mejor referencia para acercarte a Ponteceso es tomar la villa de Carballo como punto de partida, situada a 33 kilómetros de A Coruña por la AC-552 y a 45 km y Santiago de Compostela (AC-1914). Desde Carballo, sigue luego la AC-414 en dirección a Malpica y en Buño (9,5 kilómetros), coge el desvío a Ponteceso por la AC-422.

DÓNDE COMER:

Restaurante Mar de Ardora. As Revoltas – Canduas – Cabana de Bergantiños. Tlf. 981 754 311

A Pesqueira. Avda. Anllóns, 84. Ponteceso. Tlf. 981 714 107

DÓNDE ALOJARSE:

Hotel Monte Blanco. Neaño – Cabana de Bergantiños. Tlf. 981 714 428. E- mail: info@hotelmonteblanco.com

Casa Rural Playa de Balares. Calle Balarés nº5, Ponteceso. Tlf. 662 145 112. E-mail: playabalares@gmail.com

MÁS INFORMACIÓN:

Camiños do Mar